La España Inmortal
Comentarios acerca de la Guerra Civil Española
Por Antonio Vaquer (1883-1974)
Editado por Armando Caussade
Copyright © 1999 Armando Caussade. Reservados todos los derechos.Nota: El editor reconoce el mérito histórico y literario de la obra,
aunque no necesariamente se solidariza con las ideas expresadas por el autor.Entrar a la página de enlaces.
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ÍNDICEIntroducción por Armando Caussade 30-XII-1999
1. Prólogo: La patria circa 1965
2. «Deje la pluma y váyase a las afueras de Madrid...» 5-X-1936
3. En torno a la situación española 12-X-1936
4. «Al saber del brindis a don Dionisio, arreciaron los celos del Sr. Orpi»... 18-XII-1936
5. Actualidad española (1º de 3 títulos) 10-I-19376. Actualidad española (2º de 3 títulos) 27-I-1937
7. La frontera francesa y algo de historia (1º de 2 títulos) 23-II-1937
8. «Aunque usted no lo crea, Sr. Colorado...» 31-III-1937
9. Inglaterra y la revolución española 29-VII-1937
10. Italia en Mallorca 2-VIII-193711. Actualidad española (3º de 3 títulos) 12-VIII-1937
12. Cuando la historia habla, los charlatanes callan 12-X-1937
13. El oro español y el patriotismo rojo 15-II-1938
14. Un llorón rojo 16-II-1938
15. La reconquista de Teruel 1-III-193816. El antifascismo en Guayama 9-III-1938
17. Ni olvido ni perdón 12-IV-1938
18. El patriotismo del ex premier español Manuel Azaña 26-VI-1938
19. General Franco 14-VII-1938
20. Tierra de España 19-VII-193821. Comparaciones sobre la guerra civil en España 1-VIII-1938
22. El triunfo de la paz 16-X-1938
23. La frontera francesa y algo de historia (2º de 2 títulos) X-1938
24. Comunismo y fascismo XI-1938
25. La religión en la España leal 18-I-193926. Barcelona rendida 4-II-1939
27. Punto final. España para los españoles 29-III-1939
28. El general Franco y su escolta mora 6-VI-1939
29. Franco, arquitecto de la España actual 10-VII-1950
30. Epílogo: La nueva España 6-VIII-1964
INTRODUCCIÓN
Antonio Vaquer Moll nació el 4 de abril de 1883 en la isla española de Mallorca. Durante su juventud ejerció el oficio de labrador, incorporándose luego al ejército español, donde permaneció por tres años. El 3 de diciembre de 1914 se casa con María Riera Ginard, y juntos se trasladan permanentemente a la isla de Puerto Rico. Establecen su hogar en la ciudad de Guayama en la costa del sur de la isla donde luego nacen sus hijos Miguel, María, Mateo, Isabel y Antonio.
Poco después de su llegada a Puerto Rico, Antonio Vaquer adquirió y puso en operación varias instalaciones agrícolas, a las que se dedicó en cuerpo y alma por más de cincuenta años. Falleció en Guayama el 4 de mayo de 1974, a la edad de 91 años.
Antonio Vaquer manifestó siempre un profundo amor hacia su España natal. Después de terminada la Segunda Guerra Mundial adoptó la ciudadanía de los Estados Unidos; sin embargo, en su espíritu persistió siempre el sentimiento español.
Durante el período de la Guerra Civil Española (1936-1939), Antonio Vaquer escribió varias cartas y ensayos que aparecieron en la prensa de Puerto Rico. Ardiente defensor de Franco y de la causa nacionalista española, empleó en varias ocasiones su pluma contra el Frente Popular Español, el cual contaba en la isla con un comité compuesto no sólo de peninsulares, sino también de un buen número de puertorriqueños.
En la década de 1960, Antonio Vaquer reunió sus escritos y los publicó en forma de un panfleto, el cual llevó por título La España Inmortal. Hoy día aparece nuevamente la obra, esta vez con el título de La España Inmortal: Comentarios acerca de la Guerra Civil Española, editada y publicada por su biznieto, de quien más abajo aparece la firma.
A propósito de esta edición, he suprimido dos versos satíricos dirigidos por el autor a sus adversarios, fechados en 20 y 24 de octubre de 1938, además de otros dos escritos anejados a la obra con carácter de apéndice, a saber, una epístola titulada José M. Massip: Carta a Indalecio Prieto, y un ensayo de Antonio Ayuso Valdivieso titulado La Ascendencia Moral de España. Por lo demás, y exceptuando sólo algunas correcciones de carácter gramatical, he seguido fielmente el texto de la edición original.
Armando Caussade
San Juan, Puerto Rico
30 de diciembre de 1999
PRÓLOGO: LA PATRIA
[Circa 1965]
La patria es el lugar donde se nace. Aquellos montes y aquellos valles, aquellos ríos y aquellos caminos que circundan el lugar donde está nuestra casa natal, forman un montón de cariños y querenes, que es muy difícil poderlos olvidar. Y aquella calle donde dimos los primeros pasos y jugamos nuestros juegos infantiles con otros chiquillos de nuestra edad, y cuando más grandecitos las recorríamos brincando, saltando, haciendo maldades o yendo a la escuela, forman otro montón de amores, querenes y recuerdos tan allegados a nuestra vida que es completamente imposible arrancarlos y echarlos al olvido. Y a todas esas cosas tan queridas, es que llamamos patriotismo. Y la patria es como la madre, que cuanto más lejos y más pobre, más se quiere y se recuerda.
Cuando aquel día de 1931 después de unas elecciones indecisas el rey Alfonso XIII salió de España, fue una desgracia para la madre patria. Antes de salir, el general Franco le dijo: «Su Majestad no debiera irse. El ejército lo respalda». «No», contestó el rey. «No quiero que por mí se desangre la patria». Y se fue.
La bondad del rey y el amor a la patria eran sinceros; pero se equivocó. Si hubiera aceptado el consejo de Franco, hubiera salvado lo que quería salvar, porque el ejército había jurado lealtad al rey y no se hubiera dividido, y los comunistas hubieran tenido que respetar. Los republicanos, para ganar las elecciones, aceptaron la ayuda de los comunistas y también se equivocaron, porque éstos, tan pronto cogieron el poder, tuvieron el apoyo de Rusia y no tardaron en perturbar y casi dominar la situación.
Los republicanos bonafide, al ver lo que había traído la república, quedaron desconcertados y en gran parte se retiraron del partido. El doctor Marañón, en cuya casa se hizo el cambio del poder monárquico a la república, abandonó lo que tanto había deseado. Don Miguel de Unamuno, el español más leído en toda América, pasó parte de su vida en el exilio al verse defraudado; enfermó y murió de sentimiento, y así se fueron retirando muchos.
El quinquenio de 1931 a 1936 fue de gran perturbación en toda España; y los españoles que vivíamos fuera de la patria también pasamos nuestras vicisitudes, hasta que un día del mes de julio de 1936 la prensa de Puerto Rico, en primera plana, decía: «Revolución en España. Los generales Sanjurjo, Franco, Goded y Mola han dado el grito de "¡viva España libre!"».
La agitación fue rápida y fuerte. La primera sorpresa que recibí fue de dos periodistas españoles muy amigos, antimonárquicos y republicanos entusiastas: Francisco Cerdeira, director de la revista Los Quijotes, y Augusto Cueto.
A los pocos días leí en Los Quijotes un verso satírico de Cerdeira para Augusto Cueto. Ya no eran amigos. Cerdeira con su revista fue el primer azote de los leales al comunismo, y Augusto Cueto fue nombrado presidente del Frente Popular, que tenía pocos españoles, pero sí muchos puertorriqueños. Cueto, en uno de sus artículos, admitía que sólo tenía el cinco por ciento de los españoles en Puerto Rico; pero debido a que Estados Unidos y Rusia fueron aliados contra Alemania, muchos puertorriqueños simpatizaban con el gobierno semicomunista de España. Cerdeira con su revista defendió a Franco y su causa hasta el final.
Augusto Cueto y su séquito de españoles y nativos desarrollaron una campaña de insensateces jamás vista contra el general Franco. Un día el Sr. Cueto se desbordó contra los curas y las monjas con una desfachatez insoportable. Molesto por su proceder, le contesté sus necedades. No incluyo mi primer ataque porque junto con muchos otros del principio de la revolución se extraviaron.
El Sr. Cueto me contestó diciéndome: «Mi simpático y desconocido compatriota». A continuación está lo que le contesté.
El autor
«DEJE LA PLUMA Y VÁYASE A LAS AFUERAS DE MADRID A OPONERSE A LOS AVANCES FASCISTAS», le dice don Antonio Vaquer a don Augusto Cueto
5 de octubre de 1936
Mi distinguido y «muy conocido compatriota»:
He leído su carta y admiro el gran valor que usted despliega en la misma en cuanto a las cosas de ultratumba. Sospecho si puede tener algún parentesco directo con don Juan Tenorio, porque para ver las cosas del infierno con esa sangre fría que usted las ve, se necesita valor; aunque en lo terrenal también está en primera fila, porque para poder asegurar la victoria final de sus camaradas, como la asegura su artículo del día 1ro de este mes en este periódico, se necesita valor, y máxime, en estos momentos en que Madrid pasa por la prueba más grande de la historia. Sinceramente creo que un hombre que hace alardes de tanto valor, a estas horas, no debía estar imitando a las beatas (que usted tanto desprecia) porque creen que con santiguarse y rezar están ayudando a los rebeldes.
Deje esas inocentes mujeres... y deje esa pluma que sabe ver y comentar cómo un gran crimen (lo que fue pura equivocación), la muerte del periodista Silval, y no dice una palabra del monstruoso crimen cometido por fuerzas armadas en la peor forma de bandidaje, con el gran Calvo Sotelo. Pudiera ser que Ud. no supiera todavía de ese vandálico acto de sus correligionarios. Si esto fuera así, en la página 4 del periódico El Mundo del domingo pasado, puede ver un detalle y una fotografía del eminente hombre de estado, víctima de los asesinos que obraron por órdenes gubernamentales.
Deje esa pluma que, cada vez que dice algo de la revolución española, cambia a su antojo el infierno por el cielo. Déjela, y váyase allá a las afueras de Madrid, al lado de sus camaradas, a oponerse a los avances fascistas que, amenazantes, día por día van acercándose a la capital.
¡Qué lástima que tanto valor desplegado con la pluma (igual que las beatas con sus oraciones) no fuera empleado con su fusil frente a los legionarios! ¡Qué pena que en su juventud Ud. errara el camino! Si hubiese escogido la carrera militar, tal vez a estas horas luciría las tres estrellas de ocho puntas en la bocamanga, o sabe Dios, si los entorchados y el fajín, y ahora Madrid contaría con un jefe competente frente al general Franco.
En cuanto a que sus nervios están como «coquito»... aceptado. Quiero evitarme el trabajo de irlo a buscar. En lo que sabe que «el último que se ríe, se ríe más y mejor», estamos en perfecto acuerdo, y para probárselo, le invito para que hagamos un pacto de honor: si ganan los leales, yo quedo obligado a felicitarle en este mismo diario; si ganan los nacionalistas de Franco y Mola, queda usted obligado a felicitarme en la misma forma. ¿Aceptará?
Suyo con la mayor consideración,
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
EN TORNO A LA SITUACIÓN ESPAÑOLA
12 de octubre de 1936
Esperábamos que el Sr. Cueto nos contestara sí o no aceptaba nuestro pacto de honor, y en vez de contestarnos (parece que le tiene miedo al honor), nos endilga una butifarra, según él, llenada en Madrid, y que a ser francos, se necesita un gran estómago para no sufrir una indigestión que ponga en peligro la vida del que la sufre.
A continuación daré una pequeña explicación de lo que yo entiendo por butifarras. Butifarras las hay de dos clases: de carne y de pluma. De carne las hay de dos clases también: las auténticas que son de pura carne de cerdo, y las adulteradas, que son las que se llenan con toda clase de carnes, con el fin de hacer rendir el negocio. Butifarras de plumas también las hay de dos clases: las que se llenan con verdades y cosas de verdadero sentido común, y las que se llenan con cosas falsas, invenciones viciosas, y sobre todo con atribuciones a sus adversarios de cosas malas que ellos y sus correligionarios están haciendo. De estas últimas son las que nos endilga nuestro ilustre adversario.
Para poner de manifiesto el material de que se llenan estas butifarras invitamos a don Augusto a dar un paseíto por Ibiza, pequeña isla que queda entre Mallorca y Valencia, y que tiene una población de unos treinta mil habitantes. Esta isla recibió la «humanitaria» invasión de los esbirros de ese desgobierno que todo lo hace por amor a su patria. Llegaron con el lema de «amor libre» y «todos iguales». Después de la corta estancia allí, dejaron un balance a su favor de mil y pico de muertos, abusaron de las mujeres como les dio gusto y gana y al salir se llevaron como dos millones de pesetas y ciento cincuenta muchachas y mujeres jóvenes. ¡Y a esa clase de supergobierno que sufría España y que una parte sufre todavía, le llaman patriotismo! Si el patriotismo fuera así yo maldeciría mil veces la hora en que se enseñó a ser patriota; pero, gracias a Dios tengo otro concepto del patriotismo, y allí ellos, los que crean en esa clase de patriotismo. Ya sé que algunos dicen que eso no lo ordena el gobierno; pero, sin que sepamos si es por ignorancia o por impotencia (las faltas más grandes que pueda tener un gobierno), es la ignorancia.
Cuando el rey Alfonso perdió las elecciones municipales en 1931, dijo: «No quiero que por mí se desangre mi patria; me voy»; y se fue. Sin embargo todo el mundo sabía que si el rey se hubiese querido quedar, podía quedarse, y había para sostenerlo. También sabe todo el mundo (con la sola excepción de los llenadores de butifarras), que el gobierno de Madrid está sentenciado a muerte y que la sentencia está escrita en el libro oficial del destino, y que por lo tanto es inapelable. ¿Por qué pues, si este gobierno está perdido, no imita al rey que se fue y dejó su patria tranquila? Hay varias causas: una, que este desgobierno de Madrid parece una sucursal de Moscú; otra, que los componentes de ese desgobierno entienden el patriotismo de otra manera. El patriotismo de Azaña y sus comparsas es: «Si nosotros no podemos gobernar, tenemos que destruirlo todo»; y así vemos cómo, en los puestos que han sido barridos, antes han incendiado, han matado, han robado todo el dinero de los bancos, se han llevado como rehenes toda la gente que han podido, y no lo han regado de sal porque no les ha dado tiempo. ¡Cuánta diferencia entre el patriotismo monárquico de ayer y el repúblico-anárquico-comunista de hoy! Compare, compare el Sr. Cueto y después, eso sí, muy en secreto, consulte su conciencia.
Se ha tenido por algún tiempo a una parte de la nación engañada, pero ya no se puede tapar el sol con las manos; ya no son las prédicas engañosas de ayer, sino los actos al desnudo de hoy, que convencen al pueblo español. Por eso, al sonar el primer chispazo de esa bendita y salvadora revolución, a pesar de que el gobierno lo tenía todo en sus manos, y pudo aplastar las cuatro ciudades principales, y a pesar de que las tropas en parte desertaron, los generales que habían dado el golpe no desmayaron, porque sabían que el pueblo anhelaba un cambio de gobierno. «¡Armemos al pueblo!», fue el grito del gobierno de Madrid creyendo que el pueblo estaba todo de su parte, y ¡cuál sería su sorpresa al ver que mucho más de la mitad del pueblo le era hostil! ¡Qué horror causaría entre ellos el ver que las filas de la revolución se nutrían día por día de carlistas, de católicos, de monárquicos, de requetés, de fascistas, y de patriotas de todas clases sociales! Fueron uniéndose a la revolución provincias y más provincias y ya tenemos más de dos terceras partes del territorio y más de dos terceras partes de la población de nuestra parte.
Seguramente que alguien diría que soy un monárquico recalcitrante. Se equivoca cualquiera que así piense. Soy republicano, pero de una república libre, no a lo Largo Caballero y camarilla, que por radio autorizaban a todo el mundo a matar sin conservar control sobre ellos, y esos son los únicos que hoy tienen libertad. ¿Qué libertad tienen los curas? ¿Qué libertad tienen las monjas? ¿Qué libertad tienen los católicos? ¿Qué pecados ha cometido esa gente? ¿Es eso libertad?... Libertad es que cada cual pueda hacer lo que le plazca siempre y cuando no perjudique a otra persona.
Soy republicano de una república sin asesinos, sin incendiarios, sin pistoleros, con un gobierno que controle y sea responsable de sus actos, sin tener guardias de asalto para sacar de sus casas y asesinar a las personas que le son adversas; en fin, queremos una república como la que tendremos dentro de poco y que muy pronto será orgullo de muchos que hoy nos combaten. Así es como yo quiero una república. Así es como la soñaban muchos que le dieron el voto y ahora sufren el más cruel de los desengaños.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
«AL SABER DEL BRINDIS A DON DIONISIO, ARRECIARON LOS CELOS AL SR. ORPI», dice el Sr. Antonio Vaquer
18 de diciembre de 1936
El señor Orpi, quien fue nombrado hace un par de meses vicecónsul de Arecibo, parece que al ser nombrado el Sr. Trigo cónsul general de los legítimos españoles en Puerto Rico, se sintió muy molesto, porque vio con claridad meridiana que lo mismo su jefe, el Sr. Ventosa, que él, ya están camino hacia el destierro; y se sintió preso de la amargura de los celos. Al saber el Sr. Orpi del brindis que en La Casa de España se ofreció a don Dionisio, los celos le arreciaron de tal manera, que lo obligaron, metido en camisa de siete varas, a decir cuatro bobadas que han puesto de manifiesto el estado de sus nervios.Ha dicho el Sr. Orpi que la fiesta del domingo se celebró por «los motivos que ya todos conocemos y no viene el caso recordar», pero no sabe él, que también todos sabemos que esos motivos son el móvil de sus celos, y que por eso tiene miedo de repetirlos.
También nos dice el Sr. Orpi que la Casa de España la apellidan muchos «la Casa de los Rebeldes». ¿Y no cree usted que esto es justo?, ya que el noventa por ciento de los peninsulares en Puerto Rico somos rebeldes.
En cuanto a los fusilados en Jaca, ya nuestro compatriota don José Pérez Lozada le dijo que ni nos interesa su lucha ni nos quita el sueño.
Para terminar nos quiso dar el Sr. Orpi una lección de patriotismo. Nos dice él: «El patriotismo, señores rebeldes, no solamente significa cumplimiento de los deberes del presente y anhelo del porvenir, sino respeto y reverencia a los gestos gloriosos del pasado».
Don Pedro, no pierda el tiempo dándonos lecciones de patriotismo, porque esto lo llevamos nosotros en la sangre en demasía. Le aconsejamos que aproveche mejor su tiempo, tratando de convencer a sus correligionarios de la falta de patriotismo en que incurrieron, cuando seguida de coger el poder, cambiaron hasta la bandera. Sacan la bandera roja, y guardan la que tiene gestos gloriosos que merecen el respeto y la reverencia de los buenos patriotas. El respeto que tuvieron los suyos para ella fue enterrarla como algo sin valor; y como si esto hubiese sido poco, también cambiaron el himno nacional. ¿Por otra pieza de música española, como por ejemplo la Marcha de Riego?... No. Por la Marsellesa y la Internacional de Moscú. Y a esto le llaman los leales patriotismo. Nosotros en cambio le llamamos traición.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
ACTUALIDAD ESPAÑOLA (1º de 3 títulos)
10 de enero de 1937
Para don José Orjales:He leído la réplica que en El Mundo del 2 del corriente mes le dirige a usted don Augusto Bruno de Cueto e Ibáñez de Zuazo Echevarría y Navarrete. Señor Orjales, usted podrá o no contestar esa réplica; pero como el 95 por 100 de los españoles residentes en Puerto Rico estamos envueltos en ella, voy a tomarme la libertad de contestar algunos de sus puntos.
Dice el Sr. Cueto que de la ignorancia en cuanto a los acontecimientos de España «participan el 95 por ciento de los españoles residentes en P.R.». Sigue después: «Debiste documentarte y ahondar un poco más en nuestra historia, y así, quitada la venda que llevas tú y demás defensores del fascio, verías con claridad meridiana la causa de todos nuestros males. No es Rusia quien quiere trocar nuestra república, ni nuestros males comienzan el día 14 de abril del año 1931. Son siglos de despotismo, tiranía, etc.».
La causa de nuestros males no empieza el 14 de abril de 1931 porque la nobleza y el patriotismo del Monarca supieron evitar una crisis. Tampoco se debe a siglos de tiranía. La causa que envuelve a nuestra amada patria en la más grande de las desgracias data de los momentos actuales y muy recientes.
El 16 de febrero del pasado año, con la subida al poder de un gobierno irresponsable por su carencia de fuerza moral y material, para gobernar la nación, es el principio de la hecatombe en que está sumida España en la actualidad. ¿Qué se puede esperar de un gobierno que sube al poder repleto de venganza y que su primer acto es abrir las puertas de las cárceles a treinta mil presos, sin investigar el motivo de su prisión, a pesar de que todo el mundo sabía que muchos estaban presos por asesinato? ¿Qué se podía esperar de un gobierno que ve la quema de conventos e iglesias, el asesinato de hombres y mujeres (no importa que sean curas y monjas, pues también son seres humanos) y se cruza de brazos sin hacer nada para evitarlo? ¿Qué otra cosa se puede esperar de esta clase de gobierno sino lo que tenemos? ¿Qué diremos de un gobierno que, temiendo a los ataques de Calvo Sotelo en las Cortes, con fuerzas armadas lo sacan de su hogar y lo asesinan?
Debe analizar el Sr. Cueto todo esto, y verá cómo no hay que buscar la causa de la tragedia española en la tiranía de siglos pasados, sino en las prédicas corruptoras de la actualidad. La tiranía y la aristocracia ya pasaron a la historia.
Esos líderes del comunismo, amparados por un exceso de democracia, son mil veces peor que la aristocracia histórica. Recordará el Sr. Cueto que Francisco Ferrer fue a Inglaterra y luego a Francia con sus doctrinas destructoras y de ambos países fue expulsado. Esos siglos de despotismo y tiranía de que nos habla don Augusto, por existir sólo en el pequeño círculo de los que como él piensan, no pudieron evitar que la excesiva democracia española le admitiera sus doctrinas, y la Semana Trágica en Barcelona selló su recuerdo.
¡Qué lástima que pobres gentes y de corazón noble sean víctimas de líderes sin conciencia! Que siga el Sr. Cueto analizando todas estas cosas, y verá por qué después del 16 de febrero, toda España quedó envuelta en una serie de huelgas que lo paralizó todo. El gobierno no podía controlar esas masas que él antes había pervertido. Últimamente en las Cortes solamente faltaba un Pavía. No es la tiranía de atrás, ni la aristocracia la causa del desastre de nuestra patria: es el choque del fascismo, ordenado y constructivo, frente al comunismo, anárquico y destructor. Ninguno de estos dos factores existía veinte años atrás en forma de gobierno. No debemos olvidar que ninguna de estas dos filosofías es producto nuestro, sino que han sido importadas.
Esa venda de que nos habla don Augusto, no somos los nacionalistas los que la llevamos puesta, sino que son todos aquellos que llenos de entusiasmo, permiten que se vea a un Béla Kun en Madrid con aires imperiales y a un cónsul soviético en Barcelona inspeccionando las oficinas gubernamentales con tanta o más autoridad que Companys.
Hace solamente siglo y cuarto que en Francia creyeron haber acabado con el despotismo y la tiranía aristocrática, habiendo llevado a la guillotina a todos los que creyeron enemigos del pueblo. Hoy, sin tener los descendientes de Luises y sus secuelas de nobles y otros aristócratas de aquella época, Francia tiene los mismos problemas que tenía España cuatro meses atrás; Calvo Sotelo cae, víctima de balas asesinas; Salengro no puede resistir, y se suicida. Solamente falta en Francia que se encienda la mecha.
Debe pensar el señor Cueto todas estas cosas, y verá cómo llegará a la conclusión de que los males no están en el pasado sino en el presente.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
ACTUALIDAD ESPAÑOLA (2º de 3 títulos)
27 de enero de 1937
Hay mucha gente que al tratar la situación española su primera exclamación es: «¿Cómo quedará España?» En la mente de esta gente está grabada la impresión que después de la hecatombe en que está sumida, España quedará totalmente destruida.Sin embargo, yo difiero de ese pensar. Opino todo lo contrario; creo que un pueblo de 25 millones de habitantes, desgobernados como estaban bajo el mal llamado Frente Popular, donde el asesino campeaba por sus respetos, el pistolero era omnipotente, el incendiario tenía mano libre, las huelgas lo paralizaban todo y el gobierno era una víctima cataléptica, no solamente no se puede esperar un pueblo fuerte, sino que ni siquiera se puede tener la esperanza de subsistir. En cambio, si pasada esa conflagración, hemos perdido un millón de nuestros hermanos, será motivo de intenso luto nacional, pero tendremos la satisfacción de haber salvado a España, porque los 24 millones que se habrán salvado formarán un gobierno que, bajo la dirección de nuestro ilustre y querido caudillo general Franco, hará de España una nación fuerte y respetada lo mismo de los de adentro que de afuera.
La guerra siempre es terrible, y en esta de España, que además de ser entre hermanos, cada bando dispone de ayuda sin límites del extranjero, de hombres y de todos los adelantos de destrucción conocidos, no hay que dudar que las pérdidas irreparables serán muchas. Ciudades y edificios históricos destruidos, obras de arte de un valor incalculable desaparecidas, familias enteras exterminadas por la mano criminal de sus adversarios, venganzas horripilantes, individuos que nadie jamás sabrá de su paradero, padres que habrán perdido uno, dos y hasta tres hijos en el frente de batalla, miles de huérfanos que sólo tendrán el recuerdo de la tragedia, y actos de un dolor moral pocas veces igualado, como cuando el coronel Moscardó, frente a la desgracia de su hijo, imitó a Guzmán el Bueno cuando en Tarifa tiró su propio cuchillo a don Juan su adversario.
Nadie podrá negar el dolor de todas estas cosas; pero todo ese dolor, no es otro dolor que el que sufre un enfermo que ha de resistir una operación quirúrgica que ha de salvarle la vida. Todo ese dolor individual y esa destrucción parcial que sufre hoy España, cuando termine la revolución, redundará en su salvación colectiva, en una España nueva, fuerte y grande.
Aparte de ese dolor, la revolución española no tendrá otro efecto que el de una poda de la cual saldrán los robustos tallos que han de formar la frondosidad del nuevo árbol, máxime cuando al corte de las tierras (de las benditas tijeras del general Franco) además de la rama mala propia del árbol, caerá también la maldita «sombra protectora» que nos brindan nuestras «amigas» Francia e Inglaterra, la que será cambiada por el riego fertilizante de una amistad sincera de nuestras futuras aliadas Italia y Alemania. Éstas son nuestras amigas de verdad.
Francia e Inglaterra, bajo el manto de una amistad ficticia, desde hace tiempo han sido nuestras más encarnizadas enemigas. Y no vaya a creer algún ingenuo que eso fue en el pasado; no. Para demostrarlo no hay necesidad de analizar a Pedro III en Aragón ni un Dos de Mayo en el siglo pasado. No necesitamos recurrir a Daoíz y Velarde, ni a Churuca y Gravina, ni tampoco a la frase irónica de que «África empieza detrás de los Pirineos».
En este siglo mismo hay materia de sobra para demostrar lo dicho. Cuando España tenía sus dificultades en Marruecos, muy a menudo quedaba demostrado, fuera de todo duda, la falsa amistad de nuestra «amiga» ultrapirinaica, ya que era corriente cuando España hacía prisioneros entre éstos, encontrar oficiales del ejército francés. Ahora todo ha cambiado; mientras nosotros tenemos ayuda de Marruecos, Francia lo tiene bastante revuelto, y se conforma con decir, como en antaño decíamos nosotros, que es obra de una nación extranjera, sin atreverse a dar el nombre de esa potencia. ¿Por qué no dirán ahora que África empieza detrás de los Alpes?
En la conferencia de Algeciras, en 1906, se les dio a España y a Francia un protectorado sobre Marruecos. A cada una se le señaló su zona de influencia y seis años después, en 1912, Francia, olvidada del pacto de Algeciras y con el visto bueno de Inglaterra, lanza sus tropas en la zona de influencia española. Entonces fue cuando un crucerito alemán, por orden de su gobierno, desembarcó ciento cinco hombres en Agadir e izó la bandera de su patria. Pocas horas después todos los barcos de Inglaterra y Francia cruzaban los mares a toda máquina bajo orden de concentración. Pasaban las horas y los días y la bandera alemana seguía ondeando en Agadir. Después de muchos tanteos no les quedó otro camino a Francia e Inglaterra que preguntarle a Alemania lo que quería, a lo que ella contestó: «Hacer honor a mi firma», porque había firmado el pacto de Algeciras.
Gracias a la actitud, de Alemania, España se libró del abuso de sus «grandes amigas». ¡Y pensar que hay españoles tan cándidos que siguen creyendo en la amistad de estas naciones!
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
LA FRONTERA FRANCESA Y ALGO DE HISTORIA (1º de 2 títulos)
23 de febrero de 1937
La frontera francesa es la mejor aliada que tienen los comunistas españoles, ya que por ella reciben las municiones ultramodernas que mientras cruzan tierra francesa son papas y cebollas; pero al entrar en España se convierten en municiones. Algunas explosiones involuntarias descubrieron el secreto.Los franceses no deben olvidar «las Vísperas Sicilianas».
En el año 1266, Carlos de Anjou, hermano de Luis IX, rey de Francia (San Luis), y con el apoyo primero del papa Urbano IV y después con el de Clemente IV, resolvió y llevó a cabo la ocupación de Sicilia. La resistencia de los sicilianos fue recia, pero al fin frente a fuerzas mayores, fueron vencidos y la isla ocupada por los franceses. Refiriéndose a la invasión la historia dice:
Y en que al fin pereció Manfredo en la famosa batalla de Benavento, siendo funestamente célebres los horribles estragos, robos, incendios, violaciones y matanzas a que se entregó el ejército vencedor, degollando sin piedad hombres, mujeres, viejos y niños, muchos de éstos en los brazos de sus madres.Y después de estar ya bajo el poder de Carlos de Anjou, sigue la historia:
No es posible pintar los crueles suplicios que Carlos de Anjou hizo sufrir a los rebeldes prisioneros después de la victoria. A unos daba tormento de hierro o de fuego, ahorcaba a otros, a otros ahogaba, y a otros sacaba los ojos y los mutilaba, y las poblaciones eran saqueadas, incendiadas o demolidas.Con ese trato tan inhumano que los franceses daban a los sicilianos no será difícil comprender el odio a muerte que éstos tenían a los invasores y el porqué de la famosa y sangrienta revolución conocida con el nombre de «Víspera Siciliana».
Las extorsiones, las violaciones de mujeres, las violencias, las tiranías y vejaciones de toda especie que los franceses ejercían sobre los sicilianos, tenían de tal manera exasperado al pueblo, que a pesar del gran poderío del rey Carlos de Anjou, se temía ya de un momento a otro una explosión.Con toda esa aparatosa fuerza era de pensar que el soberbio Carlos de Anjou aplastara el levantamiento con la crueldad propia de su carácter; pero los sicilianos acudieron a don Pedro de Aragón, que a la sazón estaba con un poderoso ejército al norte de África, y le suplicaron que a nombre de su mujer, doña Constanza, fuera a tomar posesión de la isla por ser ella hija de Manfredo y por lo tanto la heredera directa del trono de Sicilia. Don Pedro dudó al principio, pero al fin aceptó y fue a libertar a los sicilianos de la garra francesa.Cuando la gente de Palermo iba a las vísperas del segundo día de Pascuas, una hermosa joven llamó la atención de un grupo de soldados provenzales, y el más osado sin duda de ellos, llamado Troust, se acercó a la bella palermitana (era hija de un caballero principal nombrado Roger de Maestr' Angelo, e iba acompañada de su marido y hermanos) y con pretexto de sospechar que llevaba armas debajo de su vestido propasose a lo que la honestidad y el pudor no podían permitir. La joven se desmayó. Levantose un grito de indignación general; un joven siciliano se arrojó sobre el lascivo francés, le arrancó la espada y le atravesó con ella de parte a parte cayendo muerto en el acto. Ya no se oyó otra voz que la de "¡Mueran los franceses!", mezclada con el sonido de las campanas de Sancti-Spiritus que seguían llamando los fieles a vísperas (de aquí el nombre de Vísperas Sicilianas que se dio a este levantamiento popular).
La tumultuosa muchedumbre se dirigió a la ciudad, e instantáneamente toda la población de Palermo se alzó en masa buscando franceses que matar. El pueblo con rabioso frenesí corría por calles y por plazas, penetraba en los cuarteles, en las casas, en los templos y monasterios, dondequiera que se hubieran refugiado franceses, matando, degollando, haciendo correr la sangre a torrentes, no ya sólo de los soldados, sino de todo lo que fuera francés, y no perdonando ni a las mujeres sicilianas que hubieran tenido comercio con ellos, llegando el furor popular al extremo horrible de abrir el vientre a las desgraciadas de quienes se sospechaba que llevaban en su seno fruto de su amor con alguno de aquella nación, para que no quedara generación de ella en aquel suelo.
El ejemplo de Palermo fue imitado en toda la isla; el movimiento insurreccional fue cundiendo por todas las poblaciones, porque en todas partes ardía el mismo deseo y furor de venganza. La matanza se hizo general, y se calcula en veintiocho mil el número de los franceses degollados por el pueblo.
Hallábase Carlos de Anjou en Nápoles cuando le llegó la noticia de este levantamiento. El primer desahogo de su cólera fue prorrumpir en furiosas y desesperadas imprecaciones y en amenazas horribles de devastar la isla y acabar con todos sus habitantes. Luego pensó en reconquistar el reino perdido, y el que antes se contemplaba el soberano más poderoso de Europa y pensaba apoderarse del Imperio Griego, pedía ahora auxilios de toda clase a Roma, a Francia, a Provenza, y con gente de todas estas naciones y con las fuerzas de Nápoles, de Lombardía y Toscana, de Génova y Pisa, y armado de una bula del papa Martín IV en que prohibía a todos los príncipes y señores, eclesiásticos y legos, favorecer la revolución siciliana.
Los encuentros de los franceses con las fuerzas de don Pedro acababan siempre en desastre para Carlos de Anjou, y por mar Roger de Lauria coronaba todas las batallas con la victoria de la escuadra española.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
«AUNQUE UD. NO LO CREA, SR. COLORADO, EL ARGUMENTO DE SUS PRÉDICAS ESTÁ POR DEBAJO DE LOS DEL DR. MARAÑÓN», dice don Antonio Vaquer
31 de mayo de 1937
Hemos leído su contestación al señor Pérez Lozada. En cuanto a él, ya sabrá qué hacer. En cuanto al Dr. Marañón, estamos en perfecto acuerdo de que es un desgraciado, como todo el que sufre un error.El Dr. Marañón fue el que un día sirvió de puente para traspasar los poderes de la monarquía a la república. Creyó en aquel entonces hacer un gran servicio a su patria; sin embargo, ¡cuántas amarguras no sufriría en su fuero interno que lo obligaron a salirse de su patria y decirle al mundo los móviles que para ello tuvo! No huyó a la victoriosa espada de Franco, su enemigo de ayer, sino a las barbaridades de los que en un tiempo fueron los suyos. No pudo resistir esa pestilencia criminal de ese desgobierno que anda al garete, y lo abandonó. Hizo lo que hacen los sabios: reconoció su error y rectificó.
¿Hará algún día lo mismo el Sr. Colorado? Si el Dr. Marañón hubiese seguido fiel al desgobierno del Frente Popular, ¿diría de él, señor Colorado, todas estas necedades que está diciendo? Sr. Colorado, sea franco, consulte su conciencia y dígales a sus lectores que lo que pasa con el Dr. Marañón es que, siendo de ellos, estaba dentro y sabía donde estaban todas las llagas. Ahora, al salirse por no poder resistir las barbaridades cometidas, ha dado a conocer todas esas llagas cancerosas que con su terrible dolor, aumentado por las amarguras de la verdad, lo tienen marcado a usted y a todos los suyos. El mal no está en que lo diga el Dr. Marañón sino en la realidad de los hechos. Marañón dijo una parte, Unamuno dijo otra, y otros dirán otras y otras.
También estamos de acuerdo en que tomar por bandera de combate al Dr. Marañón es un argumento flojo, aunque no tanto como el que usa el Frente Popular de Puerto Rico, del cual Ud. es miembro prominente, cuando usa la radio para molestar a los radioescuchas que desearían otra cosa mejor para sus oídos que las inventivas caprichosas propias de cerebros trastornados.
Si usted tuviera fe en lo que dice y escribe en defensa de los comunistas españoles, a estas horas estaría en las filas de Miaja o cualquier otro frente de batalla. Óigalo bien, Sr. Colorado, aunque usted no lo crea, el argumento de sus prédicas están muy por debajo de los del doctor Marañón. A estas horas, en España sólo tienen valor generales y soldados, bombas y cañones, y usted sabe quien tiene la ventaja.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
INGLATERRA Y LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA
29 de julio de 1937
Inglaterra es la misma de siempre; no ha cambiado, no cambiará, ni puede cambiar. Su política humanitaria sólo sirve a sus intereses egoístas.Cuando Bilbao estaba a punto de rendirse, porque no tenía recursos de ninguna clase, es decir, no tenía municiones, ni qué comer, surgió la parte humanitaria de Inglaterra. Empezaron a romper el bloqueo los barcos ingleses, protegidos por el más grande de sus acorazados, hasta el último límite. Unos iban cargados de garbanzos, otros de papas, pero ninguno dijo que llevaba municiones. Sin embargo, a medida que entraban los barcos, los vascos empezaron a tener de todo, menos fuerzas para oponerse a los avances sistemáticos del general Mola. Después llegó la necesidad de empezar a evacuar los niños, mujeres y viejos, y bajo ese pretexto, salían otros que ni eran niños, ni viejos, y seguían llegando barcos cargados de «efectos sanitarios». Para los niños de Bilbao, Inglaterra tuvo, al menos en apariencia, sentimientos humanitarios. En cambio, ya se cumplió un año que los niños de Oviedo están en peores condiciones bajo la dinamita de las «fieras mineras», y ¿qué ha hecho Inglaterra en favor de ellos? ¿Dónde está el sentimiento humanitario?
Inglaterra sabía que no era posible detener el rodillo triunfal de los nacionalistas hacia Bilbao, que no tenía medios de evitar su caída, y que toda aquella ayuda sólo servía para prolongar una agonía dolorosa y sangrienta. Inglaterra tenía en sus manos el poder para hacer una obra humanitaria, pero no la hizo.
Si Inglaterra, cuando Bilbao estuvo a punto de rendirse, en vez de proteger sus barcos para que forzaran el bloqueo, hubiese puesto toda su influencia, que no era poca, en convencer a las autoridades de Bilbao de la inutilidad de su resistencia, y de las ventajas de rendirse bajo un entendido favorable, se habría evitado ese río de sangre y de lágrimas que costó la ocupación de Bilbao. Eso hubiera sido un acto humanitario. Los vascos estarían bajo un gobierno nacionalista como lo están ahora; pero con la gran ventaja de no haber tenido que verter tantas lágrimas de dolor y amargura en recuerdo de tantos seres queridos que derramaron su sangre en una defensa inútil. No tendría que ver tanta destrucción de valores, obras de arte, ni una Guernica arrasada. Ahora están privados de sus privilegios de antes, mientras que a Alava, de acuerdo con las noticias, el general Franco se los ha dejado intactos. No tendrían que ver a su Vizcaya destruida y perdido su título de invicta. Pero Inglaterra tenía que obrar de acuerdo con sus intereses y éstos no están en ninguno de los dos bandos, sino en una paz sin victoria, y por eso ayudan a los rojos. Son la parte débil y hay que ayudarles a ver si llega un impasse. Si los nacionalistas perdieran, allí estaría la ayuda inglesa, por ayudar al débil. ¿Por humanidad?... No, para destruir al fuerte.
No es un secreto para nadie que tenga los ojos abiertos, que la revolución española no es un choque entre república y monarquía. Tampoco es una lucha sola de españoles. Es un choque entre el comunismo y el fascismo. No es la suerte de España la que se decide. Es la suerte de Europa, y sabe Dios si de todo el mundo, y sea uno o sea el otro el que triunfe, es muy peligroso para Inglaterra. Por eso, lo que ella desea es una paz sin victoria. Si alguna vez en su historia Inglaterra ha deseado de veras evitar un conflicto, ha sido ahora. Porque un triunfo de cualquiera de los dos bandos, será de no poca preocupación para ella.
La posición de Inglaterra frente al conflicto español es idéntica a la del presidente Alcalá Zamora (el causante principal de la revolución) antes de las elecciones del 16 de febrero de 1936. Alcalá Zamora quería un partido centrista: no quería el triunfo de las derechas, tampoco el de las izquierdas. Quería desde el centro apoyarse en el ala que más le conviniera. La faltó visión para ver que cuando las pasiones humanas están en la efervescencia que tenían en aquellos días, todo poder moderador es inútil; máxime cuando ese poder es personal, como era el de Alcalá Zamora, que no quiso llamar a formar gobierno a Gil Robles, líder de la mayoría parlamentaria, y en su lugar llamó a su íntimo amigo Portela Valladares, que no tenía arriba de media docena de escaños en las Cortes. La revolución del 34 en Asturias no le abrió los ojos y vino lo inevitable. Quedó aplastado entre los dos frentes. Las derechas, amenazaron con residenciarlo, en caso de una victoria electoral. Ganaron las izquierdas y lo destituyeron fulminantemente.
Hay males que una vez arraigados, no tienen remedio. Así fue el de Alcalá Zamora. Así puede que sea el de Inglaterra. Por eso lucha y luchará por una paz sin victoria. Con una victoria roja sería difícil predecir la suerte de Inglaterra. La victoria fascista puede acarrear una disputa en el Mediterráneo y desviar las rutas de Inglaterra hacia el Cabo de Buena Esperanza, o encontrar en Gibraltar su Waterloo.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
ITALIA EN MALLORCA
2 de agosto de 1937
Es muy corriente entre los enemigos del fascismo decir que cuando termine la guerra en España, Italia se quedará con Mallorca, porque nadie hace nada por nada.
En cuanto a lo de quedarse con Mallorca, nos mueve a sonreírnos irónicamente. Como si para aventurarse en una guerra, a una nación de primera clase como es Italia, le fuera suficiente una migaja como Mallorca. Digo una migaja porque Mallorca, aparte de su pequeñez, todos sus productos son idénticos a los de Italia. En cuanto los minerales pasa lo mismo; Mallorca sólo tiene mármoles, que tampoco le hacen falta a Italia.
Como base naval tampoco tiene valor, porque Italia tiene intereses mucho más vastos en España que una simple base naval en Mallorca. En primer lugar, Italia desea la amistad de España, y si posible fuera, una aliada, cosa imposible si se quedara con Mallorca. Entonces sería lo contrario: tendría como es muy natural, una enemiga. Italia simpatiza con Franco por amistad a la España nacionalista, porque teniendo una España amiga o aliada podrá obtener la mayor parte de los minerales que tanto necesita, y en caso de una guerra con Francia, si España llegara a ser su aliada, no solamente podría utilizar Mallorca, sino que también a los Pirineos y su ayuda; y eso vale mucho más que Mallorca sola, pero con la enemistad de España. Dicen que Mussolini no se ha equivocado nunca. No creo que en Mallorca tenga su primer error.
En caso de una guerra con Inglaterra, Mallorca tampoco tiene gran valor para Italia, mientras que teniendo la amistad de España hasta convertirse en su aliada, le permitiría tener bases aéreas en ambos lados de Gibraltar, que le daría grandes ventajas en contra del poder de su rival.
No existe pues, ningún interés por parte de Italia para quedarse con Mallorca. Al menos yo, como mallorquín, duermo tranquilo con la certeza de que en Mallorca, después que termine la revolución, ondeará la misma bandera que en el resto de España, a menos que las cosas cambiaran de tal manera que viniera un triunfo rojo (cosa que ningún nacionalista cree). En este caso, mi opinión es que Mallorca misma pediría a Italia que la ocupara militarmente.
Los mallorquines no son rojos, porque allí no hay problemas obreros. No hay, como en otras partes, esa queja constante que los están explotando. Cada cual trabaja para sí mismo, y cada uno tiene lo suyo. Generalmente viven felices y satisfechos con su pequeña finquita o pequeño negocio. La pequeña propiedad tiene muchas ventajas. Una de las principales es que no le afecta el mercado. Si el mercado sube en exceso, no les importa, porque producen lo que consumen, y si baja en demasía, tampoco les afecta porque ellos son su propio mercado, es decir, consumen sus productos. Por eso nadie estaría conforme de entregar lo poquito que tienen al gobierno y vivir una vida comunista, como es el ideal de los rojos. Todo el mundo tiene fe en sí mismo, y no aceptarían la intervención de nadie en sus asuntos privados.
Yo defino el comunismo en la siguiente forma:
Todo el que ve ante sí un abismoSi la realidad del comunismo es esta, en Mallorca no hay, ni pueden aceptar el comunismo, porque allí todo el mundo tiene fe ciega en su capacidad. Una prueba de que en Mallorca no quieren a los rojos está en las elecciones del 16 de febrero de 1936. Los siete diputados que tenían que ir a las Cortes fueron elegidos por las derechas. El capitán Bayo es otro testigo ocular de que en Mallorca no quieren a los rojos. El fascismo es la forma de gobierno que se apoya en la clase media, y como en Mallorca el noventa por ciento es clase media, por su idiosincrasia, el mallorquín es fascista.
del cual cree no poder salir
y que para poder vivir
no tiene fe en sí mismo.
Teniendo en cuenta todas estas cosas, no creo equivocarme al decir que Mallorca, antes que ser comunista española, preferirá ser fascista italiana. Claro está, que eso sólo hay que pensarlo en el caso de un triunfo rojo, cosa en la que ningún nacionalista se entretiene en pensar por ahora.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
ACTUALIDAD ESPAÑOLA (3º de 3 títulos)
12 de agosto de 1937
¿Tendrán fe los de la Asociación Pro Frente Popular en lo que dicen en la tribuna, por radio y en la prensa, o será que le están tomando el pelo a los que tienen la paciencia de escucharles? Se necesita mucho valor o falta de sentido común para decir lo que ellos aseguran.
He pensado muchas veces si esa gente, españoles y puertorriqueños, hablan en serio, o si será que están embromando al público. Escuchando sus «chistes tribunicios» se llega a la conclusión de que ellos creen dominar la opinión pública. ¡Pobrecitos!... como si a estas horas ya todo el mundo no supiera quién es quien, y dónde está la verdad y la mentira. Ya el público no comulga con piedras de molino. Ya cada cual ha formado opinión de acuerdo con los hechos y no con tanta palabrería hueca.
Aseguran que finalmente ganarán. Quisiera saber en que fundan tan firmes esperanzas. Hasta la fecha, lo único que han podido conseguir ha sido dos impasses. En cambio los nacionalistas no han perdido ninguno, y amparados en ese récord es que tienen fe en su triunfo. Cuando empezaron no tenían nada; hoy tienen dos terceras partes en la península y todo lo de ultramar. La marina, al empezar la revolución, fue víctima de la tripulación que sacrificó la oficialidad en muchos barcos; pero a pesar de eso, hoy son dueños absolutos de todos los mares de nuestra patria. Así lo quería el pueblo; así lo tiene.
De Marruecos salió el primer grito de vergüenza nacional, que fue aceptado casi por toda España. Por eso, aunque el gobierno lo tenía todo, lo ha ido perdiendo palmo a palmo, hasta el punto de que ya no queda en su poder más que lo necesario para vivir una vida preagónica.
Los primeros legionarios tuvieron que pasar en aeroplanos. Al completar los 25 en la península, fueron llevados a Sevilla, para que el pueblo viera que ya se estaba en marcha. Con este mismo fin fueron llevados hasta el norte de España, para que las masas entusiasmadas con la obra redentora que se había empezado no perdieran su entusiasmo.
Mientras tanto, Queipo de Llano con 150 hombres, sumándoles entre sí muchas veces, retuvo la autoridad en Sevilla; cada vez que salían del cuartel, salían con distinto uniforme para dar la impresión de que había mucha fuerza; con sus charlas por la radio diciendo, entre muchas cosas, que iban dos ejércitos, uno del norte, y otro del sur sobre Madrid, se conquistó el título de embustero (pero cuando las mentiras se dicen para hacer un bien, no es pecado). Ahora el título de embustero ha sido cambiado por la gloria que le cabe, de haber sido él quien mantuvo el entusiasmo del pueblo, con sus charlas por la radio, mientras se estaban organizando los dos ejércitos que tenían que encontrarse en Madrid.
Gracias a las mentiras de Queipo de Llano no decayó el entusiasmo de las multitudes nacionalistas, y dio lugar a que los fascistas, requetés, falangistas, católicos, monárquicos, carlistas y cuanto grupo hubiera en España que sintiera latir en su pecho la dignidad de la patria, acudiera apresuradamente a engrosar las filas de nuestro glorioso ejército. Los aviones seguían llevando lentamente algunos legionarios. En un arranque de actividad asombrosa, y sin tener en cuenta los peligros que envolvía, el general Franco embarcó a tres mil de los mejores soldados de la guarnición de Marruecos en unas cuantas débiles embarcaciones que salieron hacia la costa española, y a pesar de ser atacadas por barcos leales, rechazaron el ataque y llegaron a su destino sin novedad. Dios protege a los justos. Se unieron a las fuerzas que se estaban organizando en Cádiz y en Sevilla, y quedó formado el ejército que tenía que marchar sobre Madrid, convirtiendo las mentiras de Queipo de Llano en realidad.
Empezó la marcha, y al llegar a Badajoz, se encontraron con el grito estentóreo de «No pasarán». Se entabló fiera lucha, que culminó con una victoria nacionalista aplastante, que les permitió seguir sin demora hasta llegar a Talavera de la Reina. Allí encontraron otro «No pasarán», otra fiera lucha, y otra victoria nacionalista fue el resultado, con la continuación de su marcha hacia Toledo, donde los esperaba el heroico coronel Moscardó, con sus acompañantes enterrados en el Alcázar, la admiración del mundo entero.
Mientras que eso ocurría en el sur, el general Mola en el norte tomaba las Sierras del Guadarrama y caían en su poder Irún y San Sebastián, cortando las líneas francesas, donde los trenes venían cargados de papas y cebollas muy peligrosas, porque explotaban en los vagones. El capitán Bayo visitaba a Mallorca, donde fue «tan bien recibido» que le causó una indigestión y no ha podido volver. Cayó Málaga, un puerto ruso en territorio leal español, y acaba de caer Bilbao. Pusieron la mano en Brunete y se la cortaron de un solo tajo. Con todo ese récord a su favor, nadie puede criticar a los nacionalistas que cuentan con el triunfo final.
Yo no me puedo explicar cómo en Puerto Rico todavía hay españoles y puertorriqueños que tengan valor para subir a una tribuna, y sin ruborizarse, decirle al público que los está escuchando que los leales van a ganar la guerra. Yo reafirmo mis dudas de si esta gente hablará en serio, o se estará burlando del público que les escucha. Son tantas las barbaridades que en la Asociación Pro Frente Popular dicen, que dejan a uno atontado. No hace mucho que uno de sus principales oradores, en uno de sus ataques furibundos en contra de la gente de orden, se descarriló, y fue a decir en La Correspondencia que el Dr. Marañón no era español. ¡Dónde llegan las pasiones! Sin embargo, en cierto modo convengo que tiene razón. Si se busca al doctor Marañón en las listas de españoles asesinos, pistoleros, incendiarios, haraganes, anarquistas, y en cualquiera de esos grupos que son una vergüenza nacional, convengo en que su nombre no figura como español; pero si se vuelve la hoja, y se busca en la lista de los Unamuno, Ramón y Cajal, Barraquer, Ferrán, y de todos aquellos que son honra y prez de nuestra patria, su nombre aparecerá en primera fila con letras tan grandes y brillantes que hasta los cegatos podrán leerlos, siempre y cuando que no lleven una venda ante sus ojos, de la misma marca de la que lleva el autor de esas frases.
Su caballo de combate, en la tribuna y por radio, es que los nacionalistas ganan porque hay muchos italianos y alemanes en el frente, y vienen de estas naciones muchos aeroplanos y municiones. Sí señor, los nacionalistas son gente de carácter y no niegan los hechos; nunca evaden su responsabilidad. Tienen alemanes, italianos, municiones, aeroplanos, tanques y cuanto les quieran vender que les haga falta; pero eso sí, y óiganlo bien, señores populistas, todo eso lo pagan con su dinero, que no lo han robado a nadie; como los leales, que sin tener el valor de aceptarlo, niegan que tengan más gente extranjera en sus filas y más municiones, aeroplanos y tanques extranjeros que los nacionalistas, y para pagarlo se llevaron el tesoro nacional, el cuarto del mundo en oro, sin ser suyo, porque ese tesoro era de España, de esa España que ya no les queda más que una pequeña parte, que gracias al bandidaje que armaron sin ninguna clase de disciplina, y la ayuda extranjera, pagada con ese mismo tesoro, todavía está en su poder. Se lo llevaron de España porque sabían que no podían defenderse. Imitaron al ladrón que huye con su botín para ver si puede escapar a la justicia; pero que al fin y al cabo cae en sus garras. Así les pasará a los que cargaron con el tesoro nacional.
Los nacionalistas tienen una gran deuda con Italia y Alemania; pero no por sus voluntarios, aeroplanos, tanques y municiones que nos han vendido, porque eso ha sido a base de negocio y contrarrestó con creces lo que han recibido los leales de sus amigos y simpatizadores. Lo que los nacionalistas deben a Italia y Alemania es el respeto que han tenido que mirar por su causa Francia, Rusia e Inglaterra. A no haber sido por ese respeto que no se han atrevido a romper, Francia, aprovechándose de las circunstancias como ha hecho otras veces a su debido tiempo, con el visto bueno de Inglaterra y Rusia, y sabe Dios si con su ayuda, hubiera tenido su ejército en Madrid apoyando a los leales. No hubiera permitido que Azaña abandonara su palacio y se fuera al garete en busca de una residencia provisional.
Todo eso deben los nacionalistas a Italia y Alemania, motivo por el cual deberán estarles altamente agradecidos.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
CUANDO LA HISTORIA HABLA, LOS CHARLATANES CALLAN
12 de octubre de 1937
Hace unos días que por correo recibí un sobre procedente de la Asociación Pro Frente Popular Español de Puerto Rico. Ayer recibí otro sobre de la misma procedencia con un número de Alerta correspondiente al día nueve del corriente mes de octubre. Vista la atención de estos caballeros, he decidido contestarles y darles mi opinión.
Al abrir el primer sobre encontré un librito titulado El Terror Fascista. Por venir de quien venía, ya pensé lo que podría decir y creí no le venía muy mal el título. Todo el mundo sabe que el lema de nuestro caudillo, el general Franco, es que todo el que no haya cometido algún crimen, y que sólo tenga el pecado de habernos combatido, nada tiene que temer; pero, que los que lo hayan cometido tendrán que pagar sus culpas. También sabe todo el mundo de los asesinatos de San Sebastián, Bilbao y Santander cometidos por rojos, que con sus iras desenfrenadas asaltaron los barcos repletos de rehenes, y sin ninguna clase de control de parte de las autoridades, se ensañaron de manera tan feroz, que no hay pluma capaz de escribir los horrores de aquellos días, que serán un trágico recuerdo para la historia. Con ser de las derechas ya bastaba. Cuando los nacionalistas ocuparon a San Sebastián, los que estaban allí corrieron a unirse a los de Bilbao. Al ser ocupado Bilbao, se fueron a Santander, y luego de Santander a Gijón. Ahora ya no hay donde correr. Están acorralados con la espada de Dámocles sobre sus cabezas y sienten ¡terror!... ¡Ya lo creo si habrá terror en esa manada de bestias sanguinarias acorraladas en espera de rendir cuentas!... de rendir cuentas a la justicia, no a manadas de asesinos, sino a tribunales competentes, pero inflexibles hacia aquellos que se han ensangrentado las manos. ¡Y a eso le llaman «terror fascista»! No, señores rojos, eso, en buen español se llama «terror a los pecados cometidos».
Abrí el librito y pude darme cuenta de que está lleno de invenciones que sólo se encuentran en la mente de quien las escribe o copiadas al vivo de las tácticas anárquico-comunistas. Todo lo escrito en El Terror Fascista no es otra cosa que una contraacumulación con el fin de obscurecer los pecados por ellos cometidos. Por eso tienen las mismas características.
La experiencia adquirida en los tres años que fui militar, puso bien claro en mi mente que no hay nada comparable al desenfreno de la soldadesca cuando no está controlada por una mano de hierro. La primera condición de un general es saber imponer la necesaria disciplina a las tropas que están bajo su mando, condición indispensable para evitar los excesos, y sobre todo cuando están en campaña.
Todo el mundo sabe que en los primeros días de la revolución, el gobierno, por boca de Azaña y Largo Caballero, constantemente dio la voz por radio de «¡Armad al pueblo! ¡Dadles armas a todos! ¡A matar, cada cual con lo que tenga!...». Observando ese proceder, ¿no salta a la vista que el gobierno, desde el principio, dio muestras bien evidentes de su debilidad?; y si las tropas en estado normal necesitan una mano de hierro para evitar sus excesos, ¿qué se puede esperar del bandidaje de la calle, armado como lo hicieron los rojos, sin ninguna clase de control, y sí con instrucciones de matar? Si comparamos la forma cómo están constituidos los ejércitos rojos, y los del general Franco, ¿será difícil adivinar cuál de los dos ha cometido excesos? Y lo que tienen los leales en sus filas, ¿no es el fruto lógico de lo que sembraron?... Los vientos sólo producen tempestades.
En cuanto a la organización del Frente Popular, visto por encima, hemos notado que esa gente está muy enterada de los movimientos italianos. Tendrán un servicio de espionaje completo. Saben con exactitud cuántos voluntarios italianos hay en el frente de batalla en España; pero es notorio que unos saben que hay setenta mil, otros que cien mil, y otros ciento treinta mil. Cada cual tiene servicio especial y unas tablas de apreciación distintas. ¿Podría decirnos el señor Colorado, director de Alerta, si en el próximo número van a comentar el número de comunistas rusos, franceses, belgas y de todas partes que pelean con los leales? Sería curioso poder comparar para hacer un balance. Así la opinión pública tendría base para juzgar.
Cuando las futuras generaciones lean los horrores de esa tragedia, causada por querer introducir el comunismo en nuestra patria, se sentirán avergonzados, y en no pocos casos, los que sepan que sus antecesores eran de ideas comunistas, renegarán hasta de su ascendencia.
Ahora cada cual escribe de acuerdo con sus sentimientos, y el público, desorientado, no sabe a qué atenerse; pero el tiempo, gran maestro de verdades, se encargará de disipar toda neblina y la historia contará a nuestros descendientes la verdad escueta de los hechos. Cuando ya pasadas estas pasiones nuestros hijos, nietos y biznietos lean la historia, no solamente la de ahora, sino lo que se escribió cuatro o cinco años antes de la revolución, cuando no existía ningún prejuicio, y vean que tan pronto llegó la República apareció el fantasma comunista, se horrorizarán; y cuando vean el empeño de Moscú de invadir a nuestra patria, y el de Italia en evitarlo, sentirán en su fuero interno una maldición para Rusia y una bendición para Italia. Vano empeño es el de los populistas de acá y de allá de quererle imputar a los fascistas la causa de nuestra tragedia. Cuando la historia habla, los charlatanes y mentecatos callan.
En el último capítulo de la Historia de España de Blánquez, ya se trata de los primeros años de la república, y entre los venenos que ponen en peligro su vida, está el del comunismo. Copiado al pie de la letra, en la página 921 dice:
Desde la proclamación de la República, de entre los fenómenos sociales merecen hacerse notar la serie numerosa de huelgas de todos los matices, de todos los oficios y en todas las poblaciones; y de ellas las que han alcanzado más resonancia han sido: el movimiento comunista de Andalucía, que obligó al Gobierno a disponer que el general Sanjurjo se personase en Sevilla y se hiciese cargo de la base aérea de Tablada; la huelga de la Telefónica; la de Sevilla, revolucionaria, así como la de Córdoba; la general de Vizcaya; la de metalúrgicos de Barcelona; la de obreros agrícolas en diversas poblaciones, sobre todo en Andalucía; la de Cartagena, el movimiento anarcosindicalista de la cuenca de Llobregat; y, para cerrar el año 1931, los lamentabilísimos sucesos de Castiblanco (Badajoz), donde fueron asesinados unos guardias civiles.Más adelante, añade:
La actividad de comunistas y sindicalistas se ha venido haciendo de día en día más patente, y si bien fracasó totalmente la llamada "Jornada Roja del 1ro de agosto", la actuación de estos elementos ha matizado sangrientamente su intervención más activa en la vida política de la nación.Tenemos que, de acuerdo con la historia, tan pronto llegó la república en España, el comunismo de Moscú tendió sus tentáculos sobre ella, y aunque quedó aplastado, dejó huellas muy sangrientas y dolorosas, y cuando el 16 de febrero de 1936 las izquierdas ganaron las elecciones, el comunismo creyó la hora de dar su golpe final. ¿No habían ayudado a obtener la victoria? ¿No formaban parte del gobierno? De acuerdo con su pensar, nadie tenía derecho a oponerse a sus planes. Inspirados y auxiliados por el gobierno de Moscú, empezaron aquellas huelgas de carácter revolucionario y sangriento, sobre las cuales nada o muy poco podía hacer el gobierno de Madrid y que ensombrecieron las del 1931. A todo esto hay que añadir aquella ola de asesinatos que culminó en la muerte del gran Calvo Sotelo, chispa que precipitó el movimiento militar, que se estaba preparando para evitar el asalto al poder por los comunistas.
No fue Franco quien preparó la revolución; fue el desgobierno y la incapacidad del Frente Popular para gobernar lo que predispuso al pueblo. Por eso, cuando estalló la primera chispa, Franco voló y descendió entre moros, y el pueblo, entusiasmado, lo aplaudió, lo siguió, y lo acompañará hasta su triunfo final. Teniendo todo eso en cuenta, ¿no es un recurso baladí acusar a Italia porque manda voluntarios a España? A los moscovitas y sus simpatizadores hay que hacer responsables de esta tragedia, ya que la historia es quien les acusa.
En el Frente Popular hay quien hace galas de sus conocimientos históricos; pero es muy notorio que cuando lo hace, siempre se remonta a muchos siglos atrás, ignorando o tratando de ignorar el siglo presente que todos conocemos y recordamos. Parece que lo de este siglo no les interesa.
Cuando el capitán Bayo desembarcó en Mallorca, lo hizo en Porto Cristo y Punta Amer, y a pesar de que sólo estuvieron 20 días, ya habían cambiado el nombre de Porto Cristo por el de Porto Rojo con el fin de congraciarse ante los rojos de Moscú. Italia al mandar sus voluntarios ha obrado en defensa propia, ya que la intromisión rusa en España sería para ella una amenaza. No hay que olvidar que los primeros voluntarios llegaron después de empezada la revolución, mientras que los discípulos de Lenin y Stalin ya estaban allí desde cuatro años antes.
Y para terminar, repetimos que de acuerdo con la historia, Rusia es quien quiere sus ideales comunistas en España, y que Italia sólo trata de evitarlo. Entre uno que quiere pegar y el otro que no se deja, ¿cuál es el agresor?
La Asociación Pro Frente Popular Español de San Juan, y en particular, el director de Alerta tienen la palabra.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
EL ORO ESPAÑOL Y EL PATRIOTISMO ROJO
15 de febrero de 1938
Hace algunos días leí en un periódico de San Juan que don Fernando de los Ríos, embajador en Estados Unidos, había gastado en propaganda roja en este país la friolera de quince millones de dólares. El señor de los Ríos ha dispuesto de ríos de oro para pagar propaganda que, en la prensa, la tribuna y la radio, desprestigia a los hombres que debían ser sus más altos orgullos, como lo son todos los buenos españoles. Pero el patriotismo de don Fernando, con todo su personal a sueldo, es muy particular. Consiste en llamarse ellos mismos «españoles auténticos», con derecho a la bendición de los quince millones y el deber de desprestigiar a esos hombres y la tierra que los vio nacer.
Quisiera saber cuánto, de esos quince millones que ha repartido don Fernando, le ha tocado a la propaganda del Frente Popular de Puerto Rico, para poderles decir a los que tienen la paciencia de escucharlos, en qué consiste el ideal y el patriotismo de ellos. Veríamos cómo en ellos no ha habido otro ideal y otro patriotismo que la dulzura de los dólares. Esos ríos de oro despilfarrados por don Fernando han sido el nervio de toda esa propaganda. Después de todo no tienen mal gusto. Hasta yo, si don Fernando me hubiese ofrecido una «tetita» (aunque no hubiese sido de 200 chorritos, como dicen que hay algunas en el Frente Popular), no solamente no hubiera dicho nada en favor de los nacionalistas, sino que hubiera formado fila en el Frente Popular de San Juan, haciendo el ridículo como han estado haciendo en esta jornada de propaganda los «españoles auténticos» de por acá. El oro no solamente es dulce, sino que lo tapa todo y hasta embota el sentido común.
De acuerdo con las últimas noticias, y en contraste con ese despilfarro, hecho por los rojos, del oro del tesoro español, en julio el general Franco empezará a dar toda clase de facilidades al turismo para que se pueda recorrer toda la España nacionalista, y por las experiencias adquiridas se pueda contar al mundo la realidad de la situación en la España del orden y la prosperidad. Mientras los rojos gastan el dinero en propagandas imbéciles en el extranjero, Franco organiza el turismo para que traiga dinero a España, y al mismo tiempo, para que los turistas vean por sus propios ojos la obra destructora del marxismo y la constructora de los nacionalistas.
Los rojos no pueden invitar al mundo a que visite su casa porque allá todo está en desorden y esto va en contra de su propaganda en el extranjero. Aquello es un cuadro de horror en donde sólo impera la venganza y el fusilamiento, y el gobierno está ambulante y es irresponsable. Les pasa como a ciertos prófugos de la justicia, que ante el público se presentan como gente, pero no pueden llevar a nadie a sus casas porque allí el ambiente y hasta las paredes descubren lo que son.
Los nacionalistas tienen su casa en orden y por eso, no solamente pueden recibir visitas, sino que se sienten regocijados de que el mundo vea su obra de reconstrucción y saneamiento nacional. Por eso el generalísimo Franco quiere abrir las puertas y dar facilidades al turismo. Éste, después que salga de la España nacional, dirá la verdad y eso es lo que interesa a los nacionalistas; que el mundo sepa la verdad, nada más que la verdad.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
UN LLORÓN ROJO
16 de febrero de 1938
El último viernes, sin querer, oí por radio una persona que hablaba a nombre del Frente Popular Español, y al parecer, estaba tan amargado que daba pena oírle. Comentaba un artículo de un corresponsal de Buenos Aires que publicó El Mundo del domingo 6 del corriente. Este corresponsal tuvo una entrevista con el generalísimo Franco, y en su artículo decía lo que le había dicho el general, y también la impresión que recibió al entrar en la España nacionalista. Entre otras cosas decía el corresponsal en su artículo, que cuando llegó a territorio nacionalista, le sorprendió el entusiasmo del pueblo por el general, y que en todas partes estaba el retrato de Franco, prueba evidente del cariño que siente el pueblo por su caudillo.
Parece que al leer estas cosas el llorón de referencia se sintió muy molesto. Le irritaba y le ponía nervioso el que Franco fuera tan querido del 80 por ciento del pueblo español, y trataba, sin conseguirlo, de destruir el buen efecto que en la gran mayoría de los que leyeron el citado artículo había producido. ¡Pobre llorón!... Lo único que consiguió, a más de darse un baño de ridículo, fue hacer reír a los nacionalistas, dando publicidad a sus penas, penas que no tienen remedio, porque el pueblo español, a pesar de las lágrimas de todos los llorones desilusionados, a cada día que pasa quiere más a su caudillo.
«Dice Franco», sigue diciendo el hombre de las lágrimas, «que el 80 por ciento de los que están en territorio leal son nacionalistas». «Y si esto es así», dice el llorón, «¿por qué no acaba de ganar la guerra?» Voy a contestar esta pregunta para sacar un alma de penas. Al final de la tercera columna de la página 2 de El Mundo del sábado último, hay una noticia que dice así:
EXTRANJEROS EN PODER DE FRANCO¿Qué le parece, Sr. Llorón?LONDRES, 11 de febrero El general Franco tiene en su campo de concentración 5,475 franceses, 3,200 rusos, 2,663 checos, 275 americanos, 236 ingleses y 88 belgas. Total 11,870 extranjeros.
Como en días pasados también leí que Franco tenía el 5 por 100 del ejército leal prisionero, tenemos que una simple operación de aritmética nos da que para tener 11,870 prisioneros extranjeros al 5 por ciento es necesario que en las filas de los rojos haya 237,400 voluntarios extranjeros, y eso es el motivo porque Franco no acaba de ganar la guerra. Que saquen los extranjeros de las filas rojas, y verá ese llorón y sus compinches cómo Franco no necesita de los italianos para ganar por knock out.
También queremos decir a esa camarilla de decepcionados que rodean a nuestro compay llorón que, con los extranjeros o sin ellos, Franco, de acuerdo con las últimas noticias, ha decidido salir al Mediterráneo. Como de ahora en adelante en aquella zona no es probable que la nieve sea mucha, quedan emplazados para que en los próximos meses tengan que llorar mucho.
Creo haber contestado la pregunta.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
LA RECONQUISTA DE TERUEL
1 de marzo de 1938
Después de la caída de Bilbao, Santander y Gijón, el norte de España quedó limpio de las hordas rojas, y éstas, para rehacerse de tan grave pérdida, tenían necesidad de hacer algo que pudiera levantar el ánimo de sus milicias; ya que después de la última derrota, estaban más que necesitadas de algún aliciente que fortificara su moral, por estar ya bastante decaída. Impuestos ellos de esa necesidad, prepararon cuidadosamente un ataque contra Teruel.
Nadie podrá negar que tuvieron un pequeño y efímero éxito (si no fue una ratonera), pero la necesidad no tiene ley y había que sacarle el mayor provecho. Para ello mantenían una fábrica de mentiras y empezaron a difundir ese material indigesto. Así vemos que un día dicen: «La disciplina de las tropas rebeldes del sur está muy quebrantada porque en todo se da la preferencia a los italianos». ¡Qué suerte tienen esos italianos!... Otro día nos dicen: «Los rebeldes han puesto una línea de caballería en la frontera de Gibraltar para evitar que los desertores de sus filas se filtren por allí». ¡Pobres rebeldes!... Otro día nos dan esta noticia: «En varios frentes de la retaguardia rebelde surgieron brotes comunistas». ¡Arre, que te paras!... En otra ocasión dicen: «El desastre de Teruel ha desmoralizado de tal manera a los rebeldes, que puede surgir una división en cualquier momento». ¿No es eso el colmo del ridículo?...
Pero todas esas cosas tienen la atenuante de la necesidad: demostrar ante todo el mundo el fracaso de los rebeldes, y el brío de ellos para luchar; pero no sé si la necesidad o falta de sentido común les ha hecho olvidar que setenta días de cautiverio en el Alcázar de Toledo, donde prefirieron alimentarse con carne de mulas a entregarse, y los 17 meses en Oviedo, donde los 2,500 hombres de Aranda fueron reducidos a 300, no fueron motivo de discrepancias, ni hubo indisciplinas, ni se quebró la moral. Con el pequeño rasguño de Teruel quisieron hacer ver al mundo que el frente nacionalista se bamboleaba.
Ahora todo ha cambiado. Teruel ha sido recapturado por los nacionalistas. Ya todo el mundo lo sabe, pero no todo el mundo sabe las horripilantes tragedias que allí tuvieron lugar. Las Brigadas Internacionales de los rojos fueron las que, al mando del general Rojo, se lucieron en la toma de Teruel, y éstas han sido también las que junto al mismo general han pagado cara su efímera victoria.
Para todos aquellos que no sepan, voy a reseñar algo de la tragedia que hubo en Teruel, y que hasta la fecha ha llegado hasta mí.
El día en que Teruel fue recapturada por las tropas nacionalistas, cuando la batalla estaba en su fragor, el general Rojo estaba contemplando estupefacto los estragos de las tropas nacionalistas sobre sus brigadas. Veía horrorizado cómo sus tropas iban perdiendo terreno continuamente, cómo iban dejando una tras otra las posiciones que meses antes, con tanto entusiasmo habían conquistado. Comprendiendo que se estaba jugando la última carta, y en medio de su desesperación, creyó haber hallado una tabla de salvación. Llamó a uno de sus ayudantes y con voz temblorosa le dijo: «Oye, vete donde la Brigada Internacional No. 8, y de mi parte le dices que venga enseguida a ver si podemos detener a esos diablos gallegos». El ayudante obedeció militarmente la orden recibida en campo de batalla y corrió como un rayo.
Al momento estaba de vuelta; llegó donde Rojo y le dijo: «La Brigada Internacional No. 8 está destrozada por la ametralladora nacionalista; más del 60 por ciento de sus hombres yacen muertos o heridos en el campo de batalla, y el resto está sin jefes y tan desorganizados que no se puede esperar nada de ellos».
El general Rojo no dijo palabra; dio media vuelta y siguió andando poco a poco. De repente, y como movido por un resorte, volvió atrás, y dirigiéndose de nuevo a su ayudante, le dijo: «Vete a la Brigada Internacional No. 15 y dile que venga inmediatamente a ver si podemos detener a esa gente».
Obedeció nuevamente el ayudante, pero al poco rato volvió, y dirigiéndose con gran excitación a Rojo, le dijo: «¡General! ¡general!... La Brigada Internacional No. 15 ha sido copada y aprisionada por los nacionalistas. No se ha salvado ni un solo hombre». Rojo tembló, se pasó la mano por la frente, bajó la cabeza y siguió caminando dando muestras de gran preocupación. «Eso es horroroso», murmuró en voz baja. Mientras tanto los nacionalistas iban ganando nuevas posiciones. Las Brigadas Internacionales de los rojos eran barridas unas tras otras.
Rojo, pálido y nervioso, siguió contemplando aquel cuadro de horror. En aquel momento veía todas sus ilusiones destrozadas, su carrera militar tronchada, sus esperanzas perdidas, y el poder de su ideal que con tanto calor defendía, vencido. Ya no tenía fuerzas para resistir por más tiempo la visión de aquel cuadro desolador. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, trató nuevamente de levantar su ánimo, y dirigiéndose por tercera vez a su ayudante, con sus ojos anegados en lágrimas y voz trémula, le dijo: «Vete a la Brigada Internacional No. 16 y dile que venga a toda marcha para aplastar a esos diablos nacionalistas».
Cumplió de nuevo su misión el ayudante, pero no tardó mucho tiempo en regresar, y cuál no sería la sorpresa de Rojo cuando, a lo lejos, vio que venía gritando: «¡General! ¡general!...» «¿Qué es lo que pasa?», gritó el general Rojo. «General, la Brigada Internacional No. 16 ha dado el grito de "¡viva Franco!" Se ha unido a los nacionalistas y vienen de flanco a cortarnos la retirada. ¡Estamos perdidos!» «¿Qué dices? ¡Ay Dios mío!...» «No general, Dios ya no está con nosotros, desde que lo botamos de nuestras filas rojas y quemamos las iglesias. Nos abandonó». «Entonces», contestó Rojo, «nos entregaremos al diablo». El ayudante respondió: «Exactamente. No tenemos derecho a pedir nada. Solamente recogimos lo que nosotros mismos sembramos». «Pero», dijo el general Rojo, «el ataque a Teruel fue casi todo obra de las Brigadas Internacionales». «Perfectamente. Por eso han cobrado igual que nosotros. Han sido barridas», concluyó el ayudante.
Así terminó el drama de Teruel.
Perdidas las esperanzas por haber sido recuperado Teruel por los nacionalistas, ¿qué dirán esos mercaderes de la patria? Ahora que en Teruel las Brigadas Internacionales han sido barridas por los gallegos, o sea, por los provincianos de Franco, ¿seguirán diciendo los aspirantes a moscovitas y los llorones rojos de San Juan que Franco invade a España con los extranjeros?
Sí señor, para esos patriotas estomacales, los gallegos no son españoles, ni tampoco los navarros castellanos. En cambio, esas Brigadas Internacionales de rojos que han causado la destrucción de Teruel, esos sí son españoles del más refinado origen.
Frente a ese cuadro, sólo queda para los verdaderos patriotas un poco de conmiseración, y decir como dijo Jesucristo: «¡Perdónales Señor, porque no saben lo que hacen!»
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
EL ANTIFASCISMO EN GUAYAMA
9 de marzo de 1938
A principios de la semana pasada vi en la prensa el anuncio de un mitin antifascista. La gente extrañada se preguntaba: «¿Y qué es eso de antifascismo? ¿Tú no sabes? Pues oye...» Mussolini, ese hombre que ha hecho de Italia una nación grande y fuerte, dijo que vendría a invadir a Puerto Rico, y unos cuantos hombres más papistas que el papa lo han creído al pie de la letra, y bañados de un ridículo fulminante, dan mítines advirtiendo al pueblo de ese peligro que sólo existe en sus cerebros trastornados. Pero el pueblo no se ocupa de ellos, y si algunos van, es por curiosidad y a mofarse de ellos.
El sábado y domingo corrieron por Guayama anunciando el «grandioso acto», repartiendo fotografías macabras y hojas sueltas donde daban los nombres de los oradores, entre ellos, el Hon. ex alcalde de Ponce, el Sr. Blas Oliveras, el Dr. Colorado, y los «auténticos» españoles Augusto Cueto y Nicolás Vega.
Por la noche, una serie de petardos anunciaron la hora de empezar el acto. Atraídos por tanto anuncio y el imán de los personajes que en él tomaban parte, fuimos a ver lo que había. Nuestros cálculos no fallaron, y los organizadores del acto y los señores que tenían que hablar, estarían entusiasmados por el «éxito» que tenían al ver la «inmensa» muchedumbre que rodeaba la tribuna. Algunos de los que estaban conmigo hicieron subir sus cálculos a cerca de cuatro docenas; y eso, en un pueblito pequeño como Guayama, en buen español se llama un «exitazo». Les felicito.
A la otra parte, encima de la acera, había otros grupitos. Eran de ideas fascistas y se reían maliciosamente.
Cuando llegué hablaba un señor que no conozco. Al final de su discurso dijo: «Voy a terminar para dar paso a un gran español, a un verdadero español, a uno de los pocos españoles "auténticos", el Sr. Augusto Cueto». Apareció el Sr. Cueto y la emprendió contra los curas, las monjas y la religión (fue a tener al purgatorio y finalmente al infierno, y ríase usted de cómo estaba el grito de dolor, la angustia y la desesperación). Después les tocó a sus compatriotas ricos (menos mal, que eso de «ricos», a mí no me cae): «Hay muchos compatriotas que se han enriquecido explotando al pueblo y le han mandado a Franco la friolera de 300 mil pesos, ¡esos canallas!, que vinieron pobres como yo, y ahora que se han enriquecido se creen semidioses».
Con esa clase de chinitas saludó el Sr. Cueto a sus compatriotas. Un lenguaje muy florido, ¿verdad?... ¡Y así es cómo los del Frente Popular quieren ganar adeptos!... Atacó a los que habían mandado dinero a Franco, pero se calló lo que habían hecho los suyos. No dijo que él había tomado parte en comisiones que recorrían la isla buscando fondos para los leales; pero yo acuso al Frente Popular y especialmente al Sr. Cueto de haber recogido dinero para mandar a los leales españoles. Si se lo mandaron, o hicieron otro uso de esos fondos, eso lo sabrá el señor Cueto, y en cuanto a la cantidad, depende de las simpatías que encontraran para su causa. Si se lo mandaron, cometieron el mismo pecado que él tanto criticó, y si no se lo mandaron, el pecado fue mayor, porque entonces, no cumplieron con su deber.
Después habló un señor de Cayey, y dijo: «España queda entre el estrecho de Gibraltar y los Pirineos; al este queda el Mediterráneo, y al oeste el Atlántico». Una buena cátedra de geografía. Le felicito.
Al momento de subir el Sr. Oliveras a la tribuna, se acercó a nosotros un muchacho que sonriendo nos dijo: «¡Qué gentío! ¿A que no adivinan cuánta gente hay?...» Nos reímos de las burlonas frases del jovencito, y él siguió diciendo: «Ahora les acabo de contar, y hay 83 personas en todo lo que está a la vista del orador, incluso aquellos que vienen del cine».
Es de suponer que con el «ruidoso triunfo» que obtuvieron en Guayama esos previsores del peligro fascista, que seguirán su campaña por toda la isla y que pronto tendremos el placer de tenerlos otra vez en Guayama.
Les esperamos,
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
NI OLVIDO NI PERDÓN
12 de abril de 1938
Estando ya en la última etapa de la revolución española es muy natural que abunden comentarios de todas clases, y entre éstos haya habido rumores de armisticio con el fin de acabar la guerra. Pero los nacionalistas no se levantaron en armas con el fin de tener guerra. Esto no fue el motivo. Tampoco el deseo de acabarla puede ser el móvil para buscar la paz. Un mes o un año más de guerra sería muy sensible para los nacionalistas, pero si a ello les obligare la necesidad, sabrían soportarlo con el mismo entusiasmo que hasta la fecha.
Todo español siente el deseo de que se acabe la guerra; pero por encima de este deseo está la imperiosa necesidad de acabar con las causas que la trajeron, y esto no se consigna con armisticios y componendas, sino con una rendición incondicional, única manera de evitar la repetición de esta guerra.
La causa de la revolución fue aquel estado de cosas de amargo recuerdo que ya constituían una vergüenza nacional. Quién no recuerda aquel ambiente de Madrid y otras ciudades españolas donde sólo se respiraba aire moscovita? Dondequiera aparecían párrafos escritos que enunciaban el entusiasmo para todo aquello que venía de Moscú, mientras que los que sentían el amor patriota tenían que ahogarlo en un silencio sepulcral.
Desgraciado aquel que sentía lo contrario a esa corriente extranjerizante y dejaba entrever algo de su no aceptación. Para parecer un buen patriota había que gritar a pleno pulmón: «¡viva Rusia! ¡viva el sóviet! ¡viva Moscú!...». En cambio no se podía decir «¡viva España!», a menos de estar decidido a ser injuriado, golpeado y finalmente llevado a la cárcel por traidor a la patria. Tampoco se puede olvidar aquella ola de asesinatos, de huelgas e incendios que terminó con el asesinato del gran Calvo Sotelo por fuerzas armadas del gobierno de Madrid. Un gobierno que usa sus fuerzas para asesinar es un gobierno de criminales.
Según el gobierno rojo, José Antonio Primo de Rivera fue procesado y ejecutado después de empezada la revolución, pero sobre la veracidad de esto hay mucha duda. Es creencia muy general que fue asesinado antes de la revolución, y que el proceso y ejecución simulado por los rojos fue para darle forma legal al crimen.
La situación catalana es otra de las principales causas. Si damos una mirada a aquella región antes de la guerra, la encontramos presa de las prédicas disolventes de los separatistas y otros grupos antipatrióticos. Su estado es de completa desintegración nacional. Siguiendo el ejemplo de Cataluña, los vascos y hasta los gallegos también quieren independizarse. Aunemos todas estas cosas, y muchas otras, y tendremos el porqué de la revolución.
Hasta que se pueda acabar con todo eso, no se puede ni se debe hablar de paz; por eso dije antes que los nacionalistas sabrán soportar, si es necesario, un mes o un año más de guerra. Lo esencial es acabar con las causas que la trajeron y para esto hay que acabar para siempre con todos esos venenos criminales, para que no se vuelva a repetir lo que pasó al empezar la revolución, que en la mayoría de los barcos mercantes y de guerra la oficialidad fue víctima de la tripulación, por estar ésta envenenada por las prédicas marxistas. Lo mismo ocurrió con las sirvientas, porteros y toda clase de servicios domésticos. Éstos eran un cuerpo de espionaje que el marxismo tenía en muchas casas de familia, para cuando llegara la hora saber el que no era de los suyos. En esa forma fueron delatadas y asesinadas muchas familias.
Todas esas cosas tendrá en cuenta el general Franco y para los culpables no debe haber ni olvido ni perdón. Es la única manera de que el sacrificio nacionalista no se pierda.
Tampoco debe olvidarse la frontera francesa, por donde en los primeros 60 días de revolución entraron sesenta mil comunistas con el único fin de matar españoles; y por esa misma frontera ya empieza el desfile de muchos que debían pagar en la horca los pecados que han cometido en nuestra patria.
La justicia demanda, para el asesino, el pistolero y el incendiario, la horca; para el obrero, pan, hogar y trabajo; para el patrono, protección y ayuda; para los separatistas catalanes, una lección ejemplar de patriotismo; para los que quieren hacer de España una sucursal de Moscú, un paseíto a la Siberia; para los que fuera de España han tratado constantemente de derramar su baba sobre el general Franco, el desprecio... y finalmente el perdón.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
EL PATRIOTISMO DEL EX PREMIER ESPAÑOL MANUEL AZAÑA
26 de junio de 1938
Hace algunos días encontré a dos amigos míos en una discusión bastante acalorada. Discutían sobre los grandes estadistas de actualidad.
Decía uno, «de los que están en el poder, Mussolini es el más grande». «Pues yo creo», decía el otro, «que si Azaña hubiese podido desenvolver su programa habría superado a Mussolini». Cada uno aportaba datos a favor del personaje de sus simpatías.
Yo escuchaba sin decir una palabra. Después de un buen rato ambos solicitaron mi opinión, a lo cual contesté así: «Los dos son grandes. En la actualidad, ningún hombre ha llevado a su patria a tanta grandeza en tan poco tiempo como Mussolini. Tampoco ningún hombre ha llevado a su patria tanta desgracia como Azaña. Y, aunque cada cual en su camino, los dos son grandes».
Cuando Mussolini subió al poder, Italia estaba en estado de desintegración nacional. Había varios grupos políticos fuera del control del gobierno central. Uno de estos grupos estaba capitaneado por Mussolini. Un día el rey se levantó con tan buena suerte y tuvo tan buena inspiración, que llamó a Mussolini a formar gobierno y éste aceptó gustoso. Ese día, sin que el rey se diera cuenta, él mismo puso la primera piedra de la nueva grandeza de Italia, por haber entregado el poder al hombre que en pocos años había de hacer de Italia una nación de primer orden.
Cuando Mussolini tomó el poder, trató de aprovechar todas las fuerzas, aunándolas. Aprovechó el adagio que dice «en la unión está la fuerza». Al contrario de Azaña, que empezó por dividir, él empezó por sumar. Conquistó y aprovechó toda la fuerza del papa, uniéndola a la fuerza de la monarquía, y no olvidó las fuerzas armadas a medida que los demás departamentos crecían, porque sabía que sólo la fuerza puede garantizar el orden dentro y fuera de la nación. La encontró desorganizada y la organizó; estaba débil y la fortaleció; pobre y la enriqueció; era nación de octava clase y hoy es de primer orden. Junto a Alemania forma el eje Roma-Berlín, alrededor del cual giran los grandes acontecimientos mundiales. Su obra máxima, el fascismo, no sólo domina a Italia, sino que tiene profundas raíces en muchos países.
Teniendo todas esas cosas en cuenta, convengo con mi amigo que en la actualidad Mussolini es el primer conductor de pueblos que existe.
Azaña también es grande; creo que como traidor no tiene paralelo. Es el único hombre que, al subir al poder, ha llevado en su pecho el deliberado propósito de hacer desaparecer a su patria, entregándola a las voraces fauces del oso moscovita. Para ello contaba con ayudantes y consejeros tan siniestros como el famoso Béla Kun. Pero él sabía que, para llevar a cabo su siniestro plan, tenía que eliminar grandes obstáculos, entre ellos el patriotismo del pueblo español, y muy particular, el del ejército. Por eso, cuando en 1931 subió al poder, una de sus primeras actuaciones fue la reorganización del ejército.
El programa era hacerlo más pequeño para que, en organización y efectividad, estuviera al igual de cualquier otro de los ejércitos modernos. La idea, a primera vista, era muy hermosa; pero a través de esa hermosura no faltó quien viera que el fondo era muy distinto a la superficie. En vez de retirar a los hombres ineptos, bien por la edad o por cualquier otra causa, lo que se retiraba, «con el fin de reorganización», eran las capacidades, los hombres que eran una promesa para el ejército y una esperanza para su patria, aquellos que, por su patriotismo, no podían permitir que Azaña vendiera a su patria. En eso consistía la reorganización del ejército en 1931: retirar a los patriotas para dar paso a los traidores.
Así pensaba Azaña colocar la dirección del ejército en manos pecadoras, para que, cuando llegara el momento de cobrar los 30 dineros, todo estuviera a su favor. Y, cuando después de las elecciones de 1936, por circunstancias muy especiales, subió otra vez al poder, no se le olvidó que el ejército no daría paso a sus planes antipatrióticos (a pesar del oro ruso, de los 13 millones de votantes que había, sólo 4 millones y medio votaron por el Frente Popular, cinco millones doscientos mil votaron por las derechas y el resto no votó; es decir, cuatro millones y medio dieron el voto y ocho millones y medio se lo negaron). Sabiendo que el general Franco era el ídolo del ejército, que moralmente lo dominaba y que por tal motivo no podía separarlo, porque el ejército no lo hubiera permitido, lo degradó mandándolo a las islas Canarias. Con Goded, segundo del ejército, hizo lo mismo, mandándolo a las Baleares. Creyó que, teniéndolos fuera de la península, estos hombres no se enterarían de sus actividades perversas.
Azaña también emprendió una ola de persecución contra otros, entre ellos los generales López Ochoa y Bated, a quienes sacrificó en la cárcel, por haber aplastado, el primero, la revolución criminal de los mineros en Asturias en 1934, y el segundo, por haber salvado la unidad nacional, aplastando a los separatistas catalanes en la misma fecha.
Pero Azaña no se conforma con debilitar y si posible destruir el ejército, sino que también trata de debilitar al pueblo. Para conseguirlo, permite y sostiene aquella ola de huelgas que lo paraliza todo; permite aquella ola de asesinatos; dice representar una constitución libre, siendo él el primero en violarla, persiguiendo sin piedad a la religión y cruzándose de brazos frente a aquel desbordamiento de incendios de iglesias y asesinatos de curas y monjas, y haciendo desaparecer en la cárcel sin que se sepa dónde, cómo, ni cuándo, a José Antonio Primo de Rivera, que era la ilusión y la esperanza de nuestra patria. También manda guardias de asalto a secuestrar a Calvo Sotelo de los brazos amorosos de su esposa, y lo asesinan de la manera más vulgar, como hubiera hecho una pandilla de criminales; y cuando el ejército, ese ejército que jamás se hubiera atrevido a disparar contra un partido interno, se entera de que la suerte de Calvo Sotelo es el eslabón que dentro de pocos días habría de dar paso a la entrega final de nuestra patria a las ambiciones de Moscú, se levanta en armas y cumple con su deber, defendiendo a la patria de la invasión extranjera.
Frente a la actitud patriótica del ejército, Azaña ordena armar a todo el que pida armas, y, en tropel interminable, acuden borrachos, bandidos, incendiarios, pistoleros, bohemios, anarquistas, haraganes, ex carcelarios y cuanto infractor de la ley existe; y sin tener en cuenta procedencias ni conductas de esa amalgama, después de armarle y ordenarle el exterminio de cuanto encuentran a su paso, la bautiza con el simpático nombre de «el pueblo» y grita a todos los vientos: «El pueblo nos respalda; hay que aplastar a todos esos militarotes ambiciosos de mando».
Pero cuando se convence de que, a pesar de armar al «pueblo» y de tener la ayuda de Rusia, Francia y del comunismo de todo el mundo, su causa está perdida, y se convence de que ya no puede vender a su patria, porque detrás del ejército no está el «pueblo» desordenado e infractor de la ley, sino el verdadero pueblo de orden, dignidad y vergüenza, o sea, los ocho millones y medio de españoles que le negaron el voto, mas los arrepentidos de habérselo dado, entonces Azaña carga con el tesoro nacional, lo saca fuera de las fronteras y lo convierte en municiones para exterminar a sus compatriotas. Y todo el que tuvo la desgracia de no poder ampararse bajo la bandera de Franco o de no poder pasar la frontera, como le pasó a Maeztu, a Melquíades Álvarez, a Honorio Maura y a muchos otros que eran gloria y prez de nuestra patria, los fusiló.
Es mi creencia que Azaña es el personaje más funesto de la actualidad, y en el pasado sólo a dos puede compararse: como traidor a Judas, como malvado a Satanás.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
GENERAL FRANCO
14 de julio de 1938
Un curioso preguntó al general Franco si la monarquía volvería a España, a lo que el General contestó: «La monarquía hay que dejarla para cuando acabe la guerra; entonces el pueblo dirá».
«Lo malo de esa guerra», dicen muchos al ver que ya no tienen por donde combatir a los nacionalistas, «es que, después que terminen con los rojos, los nacionalistas empezarán a pelear entre sí; la guerra no hay quien la acabe». ¡Qué equivocados están los que así piensan! Donde hay un jefe de gobierno, no se pelea, y el general Franco es un jefe que gobierna. El desastre de hoy es hijo legítimo del estado de cosas que empezó en abril de 1931 y que llegó a su punto culminante después de las elecciones del 1936, cuando España tenía un gobierno que no gobernaba.
Durante muchos siglos España ha estado frente a frente a los moros. Todo el mundo sabe los reveses y sinsabores que pasó nuestra patria en suelo marroquí; España nunca tuvo tranquilidad en aquellas ingratas tierras. El general Franco, desde muy joven, fue allí a participar de las amarguras y sinsabores de la patria y a estudiar el carácter de los marroquíes. Junto a ellos ha pasado la mayor parte de su vida militar, los llegó a entender y a ser entendido. Los dominó, y dejaron de pelear con España porque reconocieron la autoridad y el espíritu de justicia del general Franco. Sus actuaciones como gobernante fueron tan acertadas que, cuando España al parecer estaba condenada al sacrificio, no solamente Marruecos no fue un estorbo, sino que Franco pudo disponer incondicionalmente de todas las fuerzas marroquíes para salvar a España de las garras de la barbarie marxista. Y todo esa lealtad, que constituye un gran triunfo para Franco, la consiguió sin jactancia de redentorismo al estilo de los líderes rojos, quienes desde la tribuna lo ofrecen todo al pueblo para después no darles nada. Y es que el general Franco ha sido, es y será un triunfador.
Como se ve, el general Franco no es un recién llegado al tablero del comando nacional, sino que, mucho antes de la revolución, ya era conocido en los centros oficiales de Europa.
El día 17 de julio de 1936, es y será la fecha gloriosa de nuestra patria; porque ese día se dio el grito triunfal y salvador de su libertad y de su independencia. El general Franco, desde su puesto en las Canarias, voló a ocupar su nuevo puesto como jefe de la España verdadera, de la España grande, libre, fuerte. Desde el momento en que el general Franco ocupó su sitio como jefe nacional, empezó la tarea más grande de su vida, la de rescatar a España de los traidores sin conciencia que querían entregarla al marxismo. La empresa no era fácil, ya que ellos tenían toda la maquinaria gubernamental, mas la ayuda de Rusia, Francia y del comunismo de todo el mundo. Pero si grande es la tarea de rescatar a España de la garra marxista, más grande será el triunfo, porque no solamente se salvará a España, sino que en España tendrá su Waterloo el marxismo invasor y corruptor de Moscú.
Después de una carrera tan brillante como la del general Franco y del éxito que tuvo en Marruecos donde, no solamente los dominó, sino que pudo disponer de ellos cuando los necesitó, ¿no es ladrar a la luna decirle al general Franco esa serie de improperios que se gastan los populistas cuando tratan de atacarlo? ¿No tenemos los nacionalistas nuestras esperanzas bien fundadas de que el generalísimo Franco llevará nuestra patria al máximo de su grandeza?
Excmo. Sr. General Franco, Dios ilumine a V.E. para que podáis llevar a España a su más alto grado de grandeza y bienestar; y mientras tanto, y hasta que alguien me desautorice, a nombre de todos los españoles de Puerto Rico, a la orden de V.E., mi general.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
TIERRA DE ESPAÑA
19 de julio de 1938
Tierra de España es una película «sin partidismos ni banderías», que trata de la Guerra Civil Española. Esta película que todo el mundo esperaba acaba de llegar a Puerto Rico. Esto es lo que leí en Alerta de fecha 9 de julio de 1938.
Luego me enteré de que Tierra de España llegó a San Juan hace ya un par de meses y que el Frente Popular, responsable de la mercancía, la ha ofrecido a los cines de San Juan y Santurce, y éstos, después de ver la «imparcialidad» de la cinta, no la han aceptado. Imposibilitado el Frente Popular de encontrar un cine que les aceptara la película, ha decidido explotarla por su cuenta y han contratado al cine Paramount, donde darán tres únicas tandas el día 21 de julio. La cinta, que fue tomada en las grandes ciudades de España bajo los auspicios de Negrín, Largo Caballero y comparsa, es de suponer sea un exponente de la «imparcialidad» populista.
No he visto la cinta, pero supongo que, como prólogo, aparecerá la chispa que hizo explotar la revolución, o sea, la mujer de Calvo Sotelo, cuando, en ropas menores y a altas horas de la noche, es empujada y derribada al suelo por guardias de asalto a las órdenes de Azaña; le rompen el teléfono para que no pueda llamar, le arrancan el esposo querido de sus brazos amorosos, y al día siguiente aparece acribillado a balazos en un cementerio.
Empezada ya la revolución, veremos al hijo del coronel Moscardó obligado por la barbarie marxista a hablarle por teléfono a su padre diciéndole que, si no entrega el Alcázar, se vengarán con él, matándolo. Veremos a su padre con el corazón destrozado por la chusma desenfrenada, a un hijo resignado frente a su desgracia y la criminal amenaza marxista cumplida. En Barcelona veremos un barco, el Uruguay, donde la crueldad populista asesinó a 20 mil de nuestros hermanos por sospechar que simpatizaban con Franco. Esto es un exponente muy al natural, de la «democracia» y de la «humanidad» marxista.
En Madrid veremos las bocacalles con guaguas llenas de mujeres y niños, detrás de las cuales los milicianos internacionales se parapetan en la seguridad que los nacionalistas no dispararán contra las guaguas, porque saben que las tropas nacionalistas están disciplinadas y no irán más allá de su consigna y de ese modo quedarán detenidos. De Bilbao veremos horrorizados a barcos de Santander, repletos de rehenes asaltados por las hordas marxistas que, con hachas, cuchillos y cuanto encuentran a la mano, asesinan a aquella gente inocente e indefensa.
Veremos la barbarie marxista en todo su esplendor. Si la cinta no refleja todo eso, no es imparcial y el público será defraudado.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
COMPARACIONES SOBRE LA GUERRA CIVIL EN ESPAÑA
1 de agosto de 1938
Hace algunos días un viejo amigo mío, refiriéndose a mi simpatía por Franco, me dice: «Antonio, si tú cayeras en las manos de Azaña, ¿qué tú crees te pasaría?» «Y si él cayera en las mías, siendo yo autoridad, ¿qué tú crees le pasaría a él?», le contesté yo. Mi amigo me miró pero no dijo una palabra. «Pues mira», le dije yo, «si Azaña cayera en mis manos le haría exactamente lo mismo que me haría él a mí si yo cayera en las manos de él. De acuerdo con su pensar, Azaña me juzgaría como traidor y de seguro me "honraría" con un paseíto eterno. Yo lo juzgaría a él como el asesino de nuestra patria y lo mandaría donde está Calvo Sotelo a pedirle perdón».
Otro amigo, gobiernista, en tono burlón me dice: «Antonio, ¿en Mallorca ya hablan el italiano?» «Sí señor», le respondí yo, «en Mallorca ya hablan el italiano a perfección y entienden bastante de alemán. Tuvimos la suerte de que solamente se nos impusieron estos dos idiomas. En cambio, a los leales se les impuso el francés, el ruso, el polaco, el checo, el belga, el yugoslavo, el rumano, y también el italiano y el alemán, y a estas horas aquello está peor que en la Torre de Babel; allí nadie se entiende. En cambio, los nacionalistas se entienden muy bien; tienen un jefe, Franco, que manda con autoridad y sus órdenes son ejecutadas religiosamente».
La disciplina y el respeto a las autoridades es la divisa nacionalista. Los populistas tienen todo lo contrario: un gobierno en fuga y sin autoridad, y un pueblo desmoralizado y sin disciplina ni respeto para nada; cada cual obra de acuerdo con su pensar y sus conveniencias. La gente malvada tiene la misma autoridad que la gente de bien. La divisa marxista es la destrucción de todo lo que no pueden llevarse al abandonar las poblaciones que los nacionalistas van conquistando.
Cuando en los primeros días de la revolución, desgraciadamente, el hijo del coronel Moscardó cayó prisionero de las hordas marxistas, éstos, por el hecho de que el padre se afilió a los nacionalistas, y sin tener en cuenta que el hijo en nada podía sobre la voluntad del padre, cobarde y criminalmente lo asesinaron. En cambio, los nacionalistas cogieron prisionero a un hijo del general Miaja, y después de las investigaciones pertinentes llegaron a la conclusión de que el hijo no podía responder de la conducta del padre, y fue absuelto e inmediatamente puesto en libertad. También cayó prisionero un hijo de Largo Caballero, y en todo momento recibió el trato justo y de acuerdo con su conducta, sin tener en cuenta para nada la conducta del padre. Comparad, señores populistas, la diferencia de proceder entre los nacionalistas y marxistas, y después de consultar vuestra conciencia, oiréis cómo, en el fondo, algo santo os dice: «Estábamos engañados, estamos avergonzados y arrepentidos con esa causa».
Y si comparamos el momento actual, veremos que, mientras los marxistas desahogan en la prensa y en la radio sus ilusiones de que ganarán la guerra, visiones propias de una agonía penosa, los nacionalistas se deleitan en oír por la radio y la prensa las noticias diarias, que son en extremo satisfactorias, porque no hay día que no haya avances que mejoren nuestra situación. Los marxistas estarían más acertados si, en vez de tanta propaganda inútil, consideraran la situación dentro de la gravedad; si yo fuera populista así lo haría. La teoría marxista de que «ganaremos porque ganaremos», después de dos años de andar como los cangrejos, no convence a nadie.
La victoria es de los nacionalistas; y cuando termine la guerra, en cada ciudad, en cada pueblo, y en cada aldea de España se recogerán las zarzas y las espinas de sus campos, y con ellas formarán una tumba donde enterrarán el recuerdo de tanta piltrafa populista, con la siguiente inscripción:
AQUÍ YACE EL INFAME RECUERDO DE LOS TRAIDORES DE NUESTRA PATRIAEn contraste con tanta ignominia, en cada ciudad, en cada pueblo, y en cada aldea se recogerán las flores de sus campiñas, y con ellas formarán un altar sobre el cual pondrán en bronce la gallarda figura del libertador de la patria, y con letras de oro la siguiente inscripción:
Sus nombres:
- MANUEL AZAÑA, que se llevó el tesoro nacional fuera de las fronteras y lo convirtió en municiones.
- FRANCISCO LARGO CABALLERO, el puente de Moscú a Madrid.
- LUIS COMPANYS, el verdugo de la patria a la que quería descuartizar.
- JUAN NEGRÍN e INDALECIO PRIETO, grandes cooperadores del fatídico drama.
GENERAL FRANCOAsí perpetuaremos a las futuras generaciones el recuerdo de la tragedia que hoy consume a nuestra patria.
España agradecida te recordará eternamente.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
EL TRIUNFO DE LA PAZ
16 de octubre de 1938
Días aciagos para la humanidad fueron los del último tercio del mes de septiembre, debido a la amenaza de una guerra que, con toda probabilidad, hubiera sido más cruel que la última guerra mundial. Ya parece que el peligro ha pasado y por tal motivo el mundo está de plácemes.
Pero es vergonzoso pensar que, mientras Chamberlain y Daladier, en representación de sus respectivos gobiernos, hacían esfuerzos supremos para evitar la catástrofe, que mientras el mundo entero sufría por la visión, al parecer inevitable, de la hecatombe que se nos venía encima, es vergonzoso repetimos, ver a un grupo de personas compuesto de españoles y nativos, y conocido por el mote de «Frente Popular Español», batir palmas de alegría porque veían llegar el momento supremo de sus aspiraciones, que eran y son el ver un enredo internacional, aunque tuviera que parecer la humanidad entera. Y todo eso porque saben que sus camaradas, los comunistas, pistoleros e incendiarios de España, están vencidos y no tienen otra esperanza que un enredo en gran escala, del cual (aunque ellos no lo creen) saldrán peor, ya que en el balance final, quedaría liquidada Rusia, su aliada y la promotora de lo que pasa en España.
La perversidad y la crueldad del elemento comunista español también se refleja en sus simpatizadores de acá; por eso vimos, cuando todo el mundo vivía en un ambiente de tristeza por los acontecimientos de Europa, a un grupo de esos desgraciados, regocijados y llenos de alegría por creer que ya estaba próximo lo que era su más vehemente anhelo: recorrer la isla para formar comités con la idea de celebrar el gran triunfo que ya tenían seguro. Así vemos cómo en Mayagüez anuncian la formación de un comité local donde enrolan unos cuantos licenciados. En donde quiera se les notaba la gran satisfacción. Fueron tan irrespetuosos que ni siquiera por cortesía respetaron la opinión del gran presidente Roosevelt que, a nombre de los 130 millones de ciudadanos americanos, invocó de Hitler y el presidente Benes trataran por todos los medios a su alcance de conservar la paz.
Y es que el elemento leal español y sus simpatizadores son tan insensibles al dolor ajeno, que los estragos de una guerra mundial no les hubiera causado impresión alguna; al contrario, les hubiera llenado de satisfacción porque creían que un enredo internacional era lo único que podía salvar a la fauna marxista española. Ahora, desengañados de que no habrá un conflicto europeo, se desahogan en contra de Inglaterra y Francia diciendo que han sido cobardes, desleales y falsos; que Francia ya no podrá invocar de nadie que cumpla con los tratados, ya que ella, a la hora de peligro, abandonó a su aliada, y todo porque creen que los marxistas españoles se lo merecen todo.
Para los comunistas españoles y sus simpatizadores, Chamberlain y Daladier, en la Conferencia de Munich, no debían de haber actuado de acuerdo con los intereses de Francia e Inglaterra, sino de acuerdo con lo que conviene a los leales españoles. Si lo hubiesen hecho así, para el marxismo español y sus simpatizadores Inglaterra y Francia serían unas diosas, aunque Europa hubiese dejado de existir; pero como Daladier y Chamberlain lo que trataron y consiguieron fue la salvación de sus respectivas patrias, prefiriendo la paz, aunque al parecer humillante, a una guerra de la cual podían salir derrotadas, sin importarles la suerte del marxismo español, ahora estas naciones son cobardes, desleales y falsas; eso es lo que dicen y piensan los populistas.
Pero a mi entender las democracias no son cobardes, desleales ni falsas, sino que simplemente son caducas y han sido vencidas por gobiernos modernos y prácticos, porque naciones cuyos gobiernos no están formados por un Frente Popular donde figuran quince o veinte partidos, que mientras unos tiran por arriba otros tiran por abajo, y el gobierno está maniatado como pasó en Francia, que durante toda la crisis tenía en pie el problema de las huelgas, y el de Flandin, que amenazaba oponerse al gobierno con su minoría de 200 diputados.
Los gobiernos que vencieron a las democracias no pierden el tiempo en discusiones políticas sino en administración; por eso vemos que a pesar de que sin tener grandes recursos naturales y estar superpoblados, no tienen desempleo ni hay hambre.
De un trabajo sobre el florecimiento de Alemania publicado recientemente, entresacamos el siguiente párrafo:
A pesar de lo cual, el milagro de su florecimiento se hace evidente en cuanto se atraviesan sus fronteras. Y el extranjero, que pone sus plantas en Berlín, no puede menos que sentirse asombrados ante las pruebas de su engrandecimiento allí como en el resto de los edificios magnificentes, se están realizando grandes obras privadas y públicas, se están construyendo edificios magnificentes, se están trazando nuevas vías. Por todas partes se encuentran nuevas fábricas, nuevas galerías de arte, nuevos teatros, nuevos hoteles, nuevos grupos de casas para obreros, nuevos lugares de verano. En las grandes capitales se está dotando a los ciudadanos de nuevas vías de comunicación, incluyendo ferrocarriles subterráneos. Y en Fallers Leben, en el corazón de Alemania, se está levantando una nueva ciudad, una nueva Detroit europea, que dotará a los ciudadanos alemanes de millones de automóviles, tan baratos que los podrán adquirir pagando por ellos poco más de un dólar a la semana. El nuevo sistema de carreteras comprende más de cinco mil millas y se extiende a través de todo el país, desde el mar del Norte hasta los Alpes. Y mientras Hitler realizaba todas esas gigantescas obras dedicadas al confort de los ciudadanos, ha podido también llevar a la práctica sus vastos planos de rearme, a un costo de miles de millones. ¿Pero cómo lo ha hecho? ¿De dónde ha sacado el dinero?Por eso Hitler y Mussolini salían tranquilos y contentos para Munich, mientras Chamberlain y Daladier iban tan pesados que casi no podían andar; porque los primeros llevaban la representación de gobiernos modernos, mientras que los segundos representaban las carcomidas democracias. Una buena lección para todos los «Frentes Populares».No ha habido naturalmente milagros semejantes a los de la Biblia, aunque para los alemanes Hitler sea una especie de dios capaz de revivir en nuestros tiempos el milagro de los panes y los peces.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
LA FRONTERA FRANCESA Y ALGO DE HISTORIA (2º de 2 títulos)
Octubre de 1938
En resumen de lo anteriormente dicho [La frontera francesa y algo de historia, 1er título], hemos visto cómo los franceses salieron desbaratados de Sicilia, y sin embargo, pocos años después, intentan poner el «rey del Chapeo» en Aragón y Cataluña, y cuyo intento les cuesta la humillación de ver a su rey con sus dos hijos y todo el ejército prisioneros de ese mismo reino que iban a conquistar. Y hace algo más de siglo y cuarto, vuelven los franceses a invadir a España para poner de rey esta vez a José Botella, hermano de Napoleón. Si desbaratados salieron los franceses de Sicilia bajo el mando de Carlos de Anjou, no mejor salieron en Aragón y Cataluña cuando con Felipe el Atrevido quisieron conquistar este reino, y con Napoleón en el siglo pasado al quererle imponer a España a su hermano José Botella. Parece que ya se les ha olvidado «Zaragoza» y el «Dos de Mayo» en Madrid.
Por eso al empezar la revolución española vemos a Francia de brazo con Rusia, su aliada comunista, entrar en España; no oficialmente, pero sí efectivamente, bajo la careta comunista. En los primeros 60 días entraron a España por la frontera francesa 60 mil comunistas, y mientras la frontera francesa de Irún estuvo abierta, los trenes que llegaban de Francia eran peligrosos porque sus cargas de papas y cebolla eran explosivos.
Por esa misma frontera francesa se salvó la brigada perdida de caer prisionera en manos del general Solchaga, y por esa misma frontera penetró otra vez en territorio leal de Cataluña. Lo mismo pasó cuando cayeron en manos nacionalistas Irún, Bilbao, Santander y Gijón, que todo lo que los rojos pudieron salvar pasándolo a Francia, volvió a cruzar la frontera francesa en Cataluña para incorporarse al ejército leal, cosa no permitida por las leyes de neutralidad. Y no hace mucho que las noticias de la frontera francesa nos decían de atascamiento de trenes procedentes de todas partes de Francia cargados de municiones, unas francesas y otras de distintas naciones. De acuerdo con las noticias, en París fue planeada, sufragada y dirigida por oficiales franceses, y hecha con soldados de la misma nación, la última ofensiva de Tremp para recapturar las plantas eléctricas.
Últimamente en Gandesa, casi todas las fuerzas que pasaron el Ebro eran extranjeras, en su mayoría francesas. Quedó comprobado con las noticias diarias, por los trenes que llenos de muertos y heridos volvieron a cruzar la frontera hacia Francia. También, en el número de prisioneros que ha hecho Franco, hay un tanto por ciento muy alto de franceses.
Todo el mundo sabe, aunque algunos no lo digan y otros lo nieguen, que si la frontera francesa, en vez de formarla los Pirineos, la formara un Atlántico o un Pacífico, ya hace tiempo que la Guerra Civil Española estaría terminada a favor de Franco. Recientemente, después de recorrer los dos ejércitos, un crítico militar francés ha dicho que todas esas ofensivas como la de Belchite, Teruel, Tremp, y últimamente Gandesa, no tienen otro efecto que el de retardar el fin de la guerra y poner de manifiesto la impotencia leal, ya que cada una de ellas ha resultado un fracaso fatal para los marxistas.
Después que Franco acabe de limpiar a España de toda esa escoria mundial que la ha invadido, la situación de Francia no tendrá nada de envidiable, y de lo poco grato de esta situación, tendrá la culpa la miopía de los políticos franceses. Lo primero que no pudieron o no quisieron ver, fue a dónde los llevaría su alianza con Rusia; lo segundo, el resultado del mal uso que hacen de la frontera franco-española.
La alianza con Rusia le ha hecho aumentar a Francia sus dificultades con Alemania, y es la causa directa de la humillación que ha tenido que sufrir en la crisis de Checoslovaquia, donde ha tenido que mirar con dolor que el sistema de fortificaciones del Sudetén, hecho a base de dinero francés, haya pasado íntegro a poder de Alemania, y el mal uso de la frontera franco-española le ha puesto frente a frente a Italia, donde podría, si se descuida, tener que pasar otra humillación.
Insiste el gobierno francés en que la frontera está herméticamente cerrada. ¿Creen que Franco y el mundo entero tienen los ojos cerrados? Sería bueno que ese gobierno francés empezara a ver las cosas como son, y recordara que si, en Sicilia con Carlos de Anjou, en Aragón y Cataluña con el «rey del Chapeo», y en España con Napoleón, se conformaron con desbaratarles el ejército y pasarlo más allá de la frontera, ahora puede ser muy bien que no se conformen con desbaratarles todo lo que manden a España, sino que al terminar la guerra sea llamada a rendir cuentas.
Antes de la Guerra Civil Española, Francia tenía una pesadilla, la frontera alemana, la que trató de suavizar con la Línea Maginot; todavía le quedaban dos fronteras amigas, los Alpes y los Pirineos, pero debido a su errónea actitud, primero aliándose a Rusia y después metiéndose en España, puede muy bien que el resultado sea el tener que cambiar dos fronteras amigas por dos líneas Maginot; y en este caso, repetimos, que la posición de Francia tiene poco de envidiable.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
COMUNISMO Y FASCISMO
Noviembre de 1938
Cierto es que hace algunos años el comunismo tuvo alguna efervescencia, y mucha gente creyó que llegaría a florecer; pero a las cosas malas, aunque de momento den una sorpresa, siempre se les impone la realidad, y la realidad es que el comunismo es lo más detestable que ha existido sobre la tierra.
Últimamente en la crisis de Checoslovaquia, hemos visto el papel que ha desempeñado Rusia. En voz baja y trémula solamente dijo que si Francia no peleaba, ella haría lo mismo. Si Rusia hubiera tenido la preparación militar que pregonaban sus simpatizadores, en vez de decir: «Si Francia no pelea, yo tampoco peleo», hubiera dicho: «Si Checoslovaquia es atacada, Rusia cumplirá con su deber de aliada», y hubiera tomado posiciones pertinentes sin importarles lo que pudiera hacer Francia. Pero Rusia no lo hizo así, sino que actuó de acuerdo con lo que es. Y ahora cabe preguntar: ¿Y aquel ejército ruso que para muchos era el más poderoso del mundo? ¿Y aquellos aviones tipo Bork que cargaban tanques de guerra con tanta facilidad? ¿Y aquellas fábricas de municiones que pregonaban, como el marxismo, de perfección?...
Todo ha sido humo de paja. Todo eso no era nada más que fantasía en la imaginación de los que creían en el comunismo, que al primer embate contrario ha dejado de existir. Y en la parte social y económica todavía es peor. Allí sólo abunda el hambre, la miseria y la injusticia. ¡Desgraciado de aquel que deja entrever alguna sospecha de que no está conforme con ese proceder! Para los dudosos está la purga de Stalin que todo el mundo conoce; sólo en Rusia se ha conocido el fusilamiento sistemático. Y todo esto era lo que Rusia quería imponer a España por conducto de Largo Caballero. Este «patriota» era el que se entendía directamente con Moscú y recibía grandes cantidades de dinero para propaganda comunista. ¡Pobre España si no tiene a tiempo un general Franco y una mayoría que lo sigue!... a estas horas ya estaría la purga de Stalin en plena posición de nuestra patria.
Tan pronto subió la república al poder, ya empezó el comunismo a tender sus tentáculos sobre España; pero lejos estarían de pensar las huestes de Stalin de que en España podía el comunismo encontrar su Waterloo. La revolución nacionalista surgió con el fin de librar a España de tanta ignominia, y si no pudo conseguirlo en pocos meses, se debe a los muchos miles de comunistas que de todas partes del mundo acudieron en defensa de su ideal, y de la mucha ayuda que recibieron por la frontera francesa.
Con el fin de combatir tanta ayuda al comunismo español, Italia empezó a prestar ayuda a los nacionalistas, y para combatir el comunismo del mundo entero se formó la triple alianza anticomunista del Japón, Italia y Alemania.
El comunismo es sinónimo de destrucción, hambre y esclavitud. Rusia paga al trabajador con comida; pero, ¿quién puede sentirse libre y satisfecho sin disponer de una peseta ni de un día de libertad para expansión de su cuerpo y de su espíritu? Ellos dicen que en Rusia no hay ricos, pero sin embargo hay líderes, y éstos son cien veces peor que los ricos. En donde no existe el comunismo, el trabajador que trabaja con un rico, si no lo gusta, puede cambiar tantas veces como le parezca y nadie tiene derecho a protestar. Al trabajador comunista le asignan un líder, y aunque para él sea un verdugo, no tiene derecho a protestar y mucho menos a cambiar de rancho. Por cualquier incumplimiento de parte del trabajador viene la purga de Stalin y se arregla el asunto en cinco minutos. Esta es la ventaja que tiene el comunismo ruso de acabar con los ricos. ¡Y a eso le llaman igualdad!...
Frente a la filosofía comunista está la filosofía fascista; y si, como hemos dicho antes, el comunismo es sinónimo de destrucción, hambre y esclavitud, así el fascismo es sinónimo de eficacia, éxito y libertad. Todas las empresas fascistas, debido a la eficacia del régimen, son coronadas por el éxito. En los países fascistas, la libertad reina en todos los hogares, porque el lunes todo trabajador tiene donde ir a trabajar ganando un buen salario. El sábado llega contento y alegre a su casa porque lleva el sudor de su frente convertido en un buen semanal, que le permite atender las necesidades de la familia, y esto es el orgullo y la satisfacción más grande de todo trabajador honrado. Esta es la verdadera libertad, la libertad económica. El trabajador no desea limosnas, porque ningún limosnero puede ser feliz; el trabajador lo que quiere es trabajo, porque donde hay trabajo no hay hambre sino satisfacción.
Prueba evidente de todo eso fue la conferencia celebrada recientemente en Munich. Allí vimos a los países fascistas listos para todo, mientras que el comunismo ruso ni siquiera fue invitado, a pesar de ser Rusia la aliada que debía de actuar en defensa de Checoslovaquia; y no fue invitada porque Francia e Inglaterra saben que no vale nada.
A pesar de ese desprecio Rusia no protestó; y no protestó porque ya empieza a darse cuenta de su papel de vencida. Ella sabe que a pesar del montón del oro ruso vertido en propaganda comunista, el comunismo está muerto. Es que a pesar de los 170 millones de rusos, el sóviet ya no puede esconder el terror que le inspira el triunfo fascista. Es que aquella presión de 150 millones de japoneses en oriente ya lo está estrangulando, contra la muralla de 100 millones en los Balcanes y 125 millones de italo-germanos en occidente, máxime con la situación interna que es tan o más peligrosa que la externa, porque allí no hay más comunistas que el ejército.
En 1938 arreglaron sus cuentas Austria y Checoslovaquia. ¿Podrá salir Rusia del 1939 sin arreglarlas?
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
LA RELIGIÓN EN LA ESPAÑA LEAL
18 de enero de 1939
De acuerdo con las últimas noticias, don Fernando de los Ríos, embajador de la España moscovita en los Estados Unidos, ha dado una gran conferencia con el fin de invitar altas personalidades del catolicismo americano para que vayan a la España leal y vean cómo allí no se persigue a los católicos. ¿Podrá decirnos de los Ríos si sabe de algún país que después de asesinar y enterrar a una o varias personas, todavía siga persiguiendo a esas mismas personas?
Ahora que los marxistas, sus defendidos, han arrasado las iglesias con el fuego, han asesinado a curas y monjas y hasta han acabado con los monaguillos, el bueno de don Fernando quiere demostrar a los católicos americanos que la España leal no persigue a los católicos. ¡Qué cándido resulta don Fernando! En la España leal no se persigue la religión porque hace tiempo que acabaron con ella; y ahora don Fernando, al igual que los buenos abogados, quiere hacerse de buenos testigos que vayan allá y vean algunos curas que dicen misa, sin que nadie los moleste; pero los católicos americanos no tragan el anzuelo porque de antemano saben que sólo se trata de una payasada de don Fernando, o sea, que estos curas disfrazados que ahora dicen misa, son los mismos enemigos de la religión que la persiguieron hasta acabar con ella y que ahora se presentan como sus redentores.
¿Qué diría ese embajador leal si esas personalidades que él invitó para visitar la España roja hubiesen aceptado su invitación, y después de ver algunos hombres disfrazados de curas decir misa, hubiesen querido saber la realidad de los hechos? ¿Qué hubiese dicho don Fernando si estos hombres, habiendo averiguado la verdad de todo lo sucedido, le hubiesen presentado las listas macabras de los curas y monjas asesinados por la chusma que él representa y defiende? Llegado ese momento, ¿hubiera de los Ríos tenido valor para sostenerle a esos señores que los rojos no persiguen a los católicos? ¿No cree don Fernando que sería de más sentido común hacer una investigación de la destrucción de iglesias y de la matanza de curas y monjas que ver decir una misa fraudulenta?
Lo que interesa al mundo no es si ahora algunos hombres disfrazados de curas puedan decir misa o no, sino la verdad de lo sucedido. El que se hayan salvado algunas iglesias y algunos curas no releva en nada la culpabilidad de los asesinos, ni de los que estaban en el deber de evitarlo y no lo evitaron.
¿Oyó don Fernando al arzobispo Curley de Baltimore, cuando éste lo llamó «mentiroso vulgar», y cuando dijo que rehusaba ir a la España roja con cuello religioso porque temía que el mismo Fernando de los Ríos lo hiciera asesinar? Las sociedades hispanas protestaron por los ataques de Curley, haciendo constar que representaban 55 mil latinoamericanos. ¿Sabrán estas sociedades que el arzobispo Curley representa muchas veces esa cantidad? ¿Sabrán estas sociedades que el embajador de los Estados Unidos en la España leal, en representación de 130 millones de americanos, dice que el gobierno asesinó a más de doscientas mil personas?
Para todos aquellos que no lo sepan, transcribimos a continuación lo que Prensa Unida pone en boca del primer embajador de Estados Unidos en la España de don Fernando de los Ríos:
PRIMER EMBAJADOR DE ESTADOS UNIDOS EN LA ESPAÑA LEALQuisiera saber la opinión de don Fernando a esas declaraciones del ex embajador de Estados Unidos en España.
Dice que el Gobierno asesinó allí a más de doscientas mil personasWASHINGTON, DC, 10 de enero (Prensa Unida) Irwin Laughlin, primer embajador de Estados Unidos a la República Española, alegó que el gobierno del Frente Popular español "asesinó deliberadamente, en millares de casos empleando torturas obscenas, por lo menos a más de 200,000 hombres, mujeres y niños."
Hablando en el mitin del Comité para Mantener el Embargo Español, Laughlin dijo que la Internacional Comunista controlaba la muchedumbre y el gobierno desde la primavera del 1936 y que los anarquistas españoles recibían órdenes del exterior para exterminar la clase media. Laughlin dijo que el movimiento nacionalista surgió como una reacción contra los excesos del gobierno republicano. "Se le llama con propiedad gobierno nacionalista", declaró, "porque a él se unieron inmediatamente todos los partidos respetables en el país, y ahora gobierna nada menos de tres cuartas partes de España en comparativa paz y prosperidad. Representa la verdadera democracia".
Según el ex embajador a España, no hay que temer que una vez las fuerzas nacionalistas restablezcan el orden y la forma española de la democracia, el gobierno entregue ni una sola pulgada de territorio o una fibra de su autoridad a los estados totalitarios que le hayan prestado ayuda.
El referido Comité está auspiciado por el Consejo Nacional de Hombres Católicos que dice representar 1,000 organizaciones católicas seglares.
En cuanto a llevar altas personalidades del catolicismo americano a la España bolchevique para que vean que allí no se persigue a los católicos, es conveniente para don Fernando que acelere el viaje, porque de acuerdo con las últimas noticias diarias, ya Barcelona está considerando la conveniencia de dar el grito de «¡sálvese quien pueda!», y si esto llega a suceder antes que don Fernando vea colmados sus deseos, habrá perdido la oportunidad.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
BARCELONA RENDIDA
4 de febrero de 1939
La caída de Barcelona en manos nacionalistas ha sido, sin duda alguna, el acontecimiento más grande de toda la Guerra Civil Española. Por tal motivo, todos los que simpatizamos con la causa de Franco hemos sentido mucha satisfacción, y hemos visto también la decepción de algunos leales expresada en diferentes formas.
Me decía un amigo leal: «¿Estás celebrando el triunfo marroquí?» «Sí señor, celebramos el triunfo de España y, siendo Marruecos una parte de ella, no sería justo no le diéramos la parte que le corresponde de ese golpe de gracia que acabamos de dar en Barcelona a la chusma roja marxista».
¡No faltaba más que hubiéramos ignorado lo que a esa gente corresponde! ¿Acaso los aliados en la Guerra Mundial no hicieron lo mismo con su gente de África? Celebramos la toma de Barcelona porque es el triunfo de la patria y de la justicia; un triunfo del derecho que tiene todo el mundo a mandar en su casa; celebramos el triunfo de ver a una ciudad de un millón de habitantes con otro millón de refugiados rescatada de la invasión moscovita, de ver ese millón de habitantes que ya pueda dar vivas a su patria y ser contentados con entusiasmo.
Nuestra alegría no tiene límites al ver el colosal entusiasmo con que fueron recibidas las fuerzas libertadoras del general Franco al entrar a Barcelona, donde las viejecitas se arrodillaban a besar los pies de los soldados y las robustas mozas los abrazaban entusiasmadas. En otros la emoción era tan grande que sólo podían derramar lágrimas de alegría y aplaudir.
Y sobre todo, lo que más nos emociona y celebramos de todo corazón, es el haber salvado los 1,200 rehenes de Montjuich, que, encerrados allí sin otro pecado que el de querer mucho a su patria, oyendo el estampido del cañón, esperaban consternados el momento en que llegara la chusma desenfrenada y les asesinara brutalmente, como han hecho en las demás ciudades que han tenido que abandonar; pero gracias a Dios y a las fuerzas del general Yagüe, que llegaron con gran rapidez donde ellos y no dieron lugar a nada, en vez de oír el grito salvaje de la chusma criminal que los iba a asesinar, oyeron el grito salvador de «¡viva Franco!». Se corrieron los cerrojos, se abrieron las puertas, y quedaron en libertad, gozando del entusiasmo de toda la ciudad.
Si se pusieran esos leales que preguntan lo que celebramos, aunque fuera por un momento, en la situación de esos 1,200 hermanos en el instante que oyeron en las puertas de la cárcel el grito salvador de «¡viva Franco!», sabrían si los nacionalistas tenemos mucho que celebrar.
También celebramos que los dos millones de habitantes de Barcelona ya no sufren hambre, porque si las fuerzas del general Franco son enérgicas contra los «extranjerizantes» y asesinos, son humanas con la población civil. Detrás de los cañones y fusiles que libraron la ciudad de los verdugos que le esclavizaban, entraron las caravanas de camiones con comida, y desde aquel momento la ciudad goza las delicias de una ciudad libre con vida normal. ¿Qué dirán aquellos extranjeros que entraron a España para aplastar al general Franco? ¿Estarán satisfechos de sus aventuras?
Y por último, celebramos con gran pompa los funerales de la Generalidad Catalana, de ese antro disociador y destructor de la integridad nacional.
¿Dónde está y que dirá Luis Companys?... La historia dice que cuando Boabdil, en su retirada, miró por última vez sobre Granada, se puso a llorar (debió sentir en aquel momento lo que más tarde fue inspiración de Villaespesa cuando dijo: «¡Granada! ¡Granada! ¡De tu poderío no queda nada!»). Entonces la madre que estaba a su lado le dijo: «¡Llora hijo! ¡Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre!...»
Cuando Luis Companys daba su última mirada sobre Barcelona, ¿no habría alguien que, parangonando la madre de Boabdil, también le dijera: «Llora, llora como traidor arrepentido lo que no supiste defender con honradez acrisolada, la integridad de tu patria, para hacerla grande, libre, fuerte?»
Debemos aceptar que no toda la culpa del separatismo catalán es de Luis Companys y comparsa, sino que gran parte de ese veneno disociador nos venía de nuestra «amiga» ultrapirinaica, y que dicho sea de paso, también quedará enterrado.
Si en la revuelta de 1934, cuando Companys con las armas en la mano cayó prisionero del general Bated, él y sus camaradas Azaña y Largo Caballero hubieran sido fusilados, no hubiéramos visto desaparecer sin saber a los generales Bated, que evitó el separatismo en aquel entonces, y López Ochoa, que aplastó la inventiva comunista de Asturias en la misma fecha. Tampoco tendríamos que llorar tanta sangre inocente vertida por libertar a nuestra patria del pulpo moscovita.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
PUNTO FINAL. ESPAÑA PARA LOS ESPAÑOLES
29 de marzo de 1939
Estamos en días de gloria porque la paz ha retornado. Toda España está de plácemes por haber cesado las hostilidades entre hermanos. De hoy en adelante tendremos una España nueva con un solo gobierno reconocido y respetado por todas las demás naciones.
Todos los españoles, leales, auténticos y rebeldes, quedarán fundidos en un mismo crisol, y desde este momento sólo habrá españoles, españoles hermanos, unidos en un solo haz para defender a nuestra patria de toda influencia extranjera, causante de la tragedia de nuestra patria durante 32 meses.
La experiencia ha sido amarga, pero esto nos servirá de enseñanza para que en el futuro procuremos estar unidos y en vela de que nuestras fronteras sean inexpugnables a todos los venenos extranjeros.
Dios ilumine al general Franco para que pueda conducir la nave de nuestra patria por el camino de la unión, eliminando para siempre el veneno corruptor de la maldita política.
Nunca he creído en un gobierno o un cuerpo legislativo donde dos grupos, uno en mayoría y otro en minoría, sólo piensan cómo podrán destruirse uno al otro, con el fin de asegurarse el triunfo en las próximas elecciones. En unas cortes compuestas de esa manera, ya se verá ese pugilato vergonzoso y destructor que contemplamos en las cámaras y senados compuestos a base de partidos políticos.
En unas cortes constituidas por todas las fuerzas vivas del país, a base proporcional, ninguno de esos grupos estaría interesado en la destrucción de los demás, sino que al contrario, la salvación de cada uno de sus componentes estaría en la salvación del conjunto total. No habría luchas políticas ya que esto no existiría. Sólo habría unión y en la unión está la fuerza.
¡Arriba España!
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
EL GENERAL FRANCO Y SU ESCOLTA MORA
6 de junio de 1939
He oído muy a menudo personas que se extrañan de que el general Franco use a los moros para su seguridad personal. Otros dicen que el general Franco no tiene confianza en los españoles. Para unos y otros va mi punto de vista sobre el particular.
El motivo que tiene el general Franco para rodearse de una guardia mora es política, política de atracción; es la misma política que tienen todas las naciones que quieren atraerse las simpatías de países vecinos. ¿Recuerdan los que así piensan cuando el ex presidente Hoover y el gran presidente Roosevelt fueron por Sur América en viaje de buena voluntad? Puede que, a pesar de los hechos consumados, esas personas no entienden esa política de atracción, pero el general Franco, que no es un estadista mediocre como los que por mucho tiempo tuvo España la desgracia de padecer (y muy en particular, desde que subió la república al poder), ha visto más allá de las líneas fronterizas y quiere aprovechar los beneficios de su clara visión. Por eso, a pesar de ser militar, no dominó a los moros con las armas, sino con la clarividencia de su mentalidad asombrosa. Cuando estalló la revolución, en vez de dominarlos con las bayonetas, puso éstas en sus manos para con ellos ayudar a libertar a España del marxismo infernal. El nombre de Franco en todo el Marruecos español es sinónimo de «hombre de bien para exterminar el mal». Lo adoran como si fuera su dios.
¿Cómo ha podido el general Franco dominar a los moros que por tantos siglos fueron los enemigos de España? Los ha dominado sembrando en ellos la confianza, y para conseguirlo, nada mejor que demostrarle que él, primero como ciudadano y después como jefe del estado español, la tenía en ellos hasta el extremo de confiar su seguridad personal a una guardia mora.
Política, política de atracción fue el motivo que tuvo el general Franco para nombrar una guardia mora que lo custodiara. Que la alta visión del generalísimo y sus prácticas no estén al alcance de los que todavía están vendados, nuestra no es la culpa. Los miopes siempre están rezagados. A nosotros, que ya hace tiempo que sabemos que el general Franco no solamente desea dominar como ya domina el Marruecos español, sino que tiene altas ambiciones de atraerse toda esa raza, no nos sorprende que entregue su seguridad personal a una guardia mora. Es más, el general Franco ha ofrecido abrir una universidad en Córdoba, poniendo a su disposición todos los archivos de la dominación mora en España, para que esta raza pueda acudir allá a estudiar, así dándole toda clase de facilidades. Por eso, a los que comprendemos la política del general Franco no nos sorprende verlo custodiado por una guardia mora, ni verlo entrar a Madrid acompañado de 600 moros y dar su primer abrazo al gran visir de Marruecos.
En el poco tiempo que Franco domina toda España ya ha satisfecho las más altas ambiciones de ambos bandos. Los leales gritaban a pleno pulmón que luchaban por la independencia de España y los nacionalistas decían lo mismo. De acuerdo con las últimas noticias ya España está libre de alemanes, italianos y moros, motivo por el cual los leales estarán muy satisfechos; y como los nacionalistas tenemos la convicción de que el generalísimo no va a ocupar consejeros rusos en su gobierno, como había antes de la revolución, también estamos satisfechos. Así es cómo se gana adeptos el general Franco, satisfaciendo los gustos de todos.
¿Hay alguien que todavía no lo entiende, o que no lo quiera entender? No hay peor sordo que el que no quiere oír.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
FRANCO, ARQUITECTO DE LA ESPAÑA ACTUAL
10 de julio de 1950
España no está como debiera estar, decían y dicen, aunque con menos intensidad, muchos de los turistas que pasan por allá, porque Franco gasta mucho en armamentos y debido a esto, todo está muy caro y faltan cosas de primera necesidad. Puede que de eso haya algo de verdad; pero no debemos olvidar, ni deben olvidarlo los que pasan por España, que la victoria de Franco sobre el comunismo desbarató los planes de Moscú y eso no lo olvida Rusia. Franco tampoco lo olvida y por eso gasta mucho en armamentos.
El material bélico que por la frontera francesa llegó a nuestros adversarios comunistas aumentó mucho el número de vidas que nos costó vencerlos. Después de vencidos, los exiliados comunistas formaron un campamento de concentración en Francia, que Rusia acrecentó con gente de todas partes, y al creerse con fuerzas suficientes, pasaron por Irún y atacaron por sorpresa; pero Franco había gastado en armamentos lo que creyó necesario y no fue sorprendido, y pudo darles «la bienvenida que merecían». El dinero gastado por Franco dio buen resultado.
En 1946 las Naciones Unidas, a excepción de Argentina y Portugal, con el fin de tantear la posición de Franco y calmar los impulsos de Rusia, retiraron sus embajadas de Madrid; pero tal medida no tuvo el alcance esperado, y Dean Acheson, secretario de estado de Truman y su camarilla, mordiéndose los labios desde Washington, dijeron: «Nos hemos equivocado, pensábamos debilitar a Franco y ahora está más fuerte que antes». Esta situación abrió los ojos de las Naciones Unidas y volvieron a izar las banderas en sus respectivas embajadas de Madrid.
¿Cuál sería la idea de las Naciones Unidas al retirar sus embajadas de Madrid? Calmar las exigencias rusas.
La prueba de aislar a España era muy fuerte. Antes cada nación vivía mayormente de su producción. Ahora cualquier nación necesita mucho de otras naciones.
Sin lugar a dudas, la nación que por su extensión y riqueza mejor podría resistir un aislamiento sería Estados Unidos. Sin embargo, no puede pasar sin el azúcar de la América Hispana (seis millones de toneladas de las nueve que consume), sin el petróleo de Méjico, Venezuela y Colombia, sin la carne y lana de Argentina y Uruguay, sin el café del Brasil (casi el total de su consumo), sin el estaño de Bolivia, sin las bananas de Centro América y Venezuela, e infinidad de productos de primera necesidad. Si todo eso le fuera retirado a Estados Unidos, su economía temblaría.
Y si Estados Unidos, con su gran extensión y riqueza, frente a un aislamiento, se resintiera tan sensiblemente, ¿cómo lo hubiera pasado España, con menos extensión que el estado de Texas y más pobre en riqueza natural?
España era la nación más odiada por Rusia. España era una plaza sitiada. Cada día era más extenso el cerco internacional. No ha habido pueblo más vilmente injuriado, que el pueblo español. Y lo más doloroso, que las mismas naciones beneficiadas por la derrota comunista en España, sirvieron de cuna a la infame Leyenda Negra, y más vergonzoso todavía, que en las mismas filas de esa propaganda, había hijos de la propia España.
Afortunadamente, Franco, previendo los peligros que podrían surgir contra España, había gastado el dinero necesario para enfrentarlos. Los enemigos de Franco lo sabían, y por eso, a pesar de lo incitante que para ellos era el que las Naciones Unidas retiraran sus embajadas de Madrid, nadie se movió. El recibimiento que les dio Franco al ataque por Irún les había convencido de que la victoria nacionalista no era hija de Hitler y Mussolini, como ellos creían, sino del pueblo español y su jefe, general Franco.
Lo mejor para conservar la paz es estar preparados para la guerra. Así lo hizo Franco, y hasta la fecha, España ha sido respetada dentro y afuera.
Podemos presumir que, sin esa tensión general creada por el comunismo ruso, Franco no hubiera gastado tanto en armamentos y España tendría cosas que hoy no tiene y le hacen falta. Económicamente estaría más desahogada; pero esa falta está recompensada por el respeto que Franco infunde a nuestros enemigos internos y externos. Debido a ese respeto, hemos podido vivir en paz. Cualquier alboroto promovido por los comunistas, hubiera costado más que lo gastado por Franco en armamentos, además de las vidas que se hubieran perdido.
Franco conoce el peligro de nuestra posición geográfica y recuerda lo caro que nos costó aquella frontera de la Francia de Léon Blum en nuestra lucha por vencer a los comunistas. Si la Francia de Léon Blum, en vez de correrse hacia la Francia de Charles de Gaulle, se hubiera corrido hacia Duclos, y a ella se le hubiera unido la Italia de Palmiro Togliotti, ¿qué hubiera sido de España?
Analizando esta situación tenemos que convenir que el dinero gastado por Franco en armamentos, está bien invertido, da buenos intereses y buena protección. Si Estados Unidos, en vez de tener a Canadá por el norte, tuviera a Rusia con sus miles de kilómetros de frontera en común, y al sur, en vez de tener a Méjico tuviera a China, ¿gastaría en armamentos?
Cada nación tiene y debe gastar en armamentos de acuerdo al peligro que la rodea. Así lo ha hecho Franco y España le está agradecida, y nadie puede negarle el honor de ser el arquitecto de la España actual, y de salvar al cristianismo y gran parte de la humanidad del ateo-comunismo ruso.Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
EPÍLOGO: LA NUEVA ESPAÑA
6 de agosto de 1964
No es mi propósito en estas líneas recordar los horrores de los tres años de lucha que costaron a España más de un millón de vidas y daños materiales incalculables. Sólo deseo hacer un comentario sobre los resultados del triunfo nacionalista y su jefe, general Franco. Para muchos ese triunfo se concretó a España; pero no fue así. Ese triunfo tuvo y tiene resonancia y alcance internacional. Todos los países anticomunistas se beneficiaron de él y más tarde, «agradecidos», retiraron sus embajadas de Madrid.
A fines de la Segunda Guerra Mundial, la prensa inglesa, tratando a Franco de hitlerista, desató una furiosa campaña contra España, a la que Churchill ripostó: «Esa campaña de la prensa contra España no es la mejor manera de defender los intereses de Inglaterra. Se olvidan que cuando Hitler estaba en conversación con Franco para conseguir paso para Gibraltar, nuestra embajada en Madrid tenía las maletas selladas esperando "sí" o "no". Afortunadamente para Inglaterra fue "no". Si hubiera sido "sí", ¿cuál hubiera sido nuestra situación?»
También el triunfo de Franco torció los planes de Moscú de llegar con su poder comunista a Gibraltar y así tener las llaves del Mediterráneo y un punto de avanzada hacia América. Eso esperaba conseguir Rusia con la ayuda de los comunistas españoles, y si lo hubiera conseguido, muchos pueblos de Europa que gracias al triunfo de España hoy son libres, serían satélites de Moscú, detrás la Cortina de Hierro, y posiblemente en la América Hispana hubieran florecido muchos Castros, antes que Fidel.
Con Gibraltar en poder ruso, por su propio peso hubiera caído Suez; y con Gibraltar y Suez en manos rusas, ¿hubiera podido la escuadra americana entrar al Mediterráneo y sostenerse en él? No. La dueña del Mediterráneo hubiera sido la escuadra rusa. Y con las llaves de Gibraltar y de Suez en Moscú, ¿cómo hubiera salido Italia frente a Togliotti? Derrotada. Y con la escuadra rusa frente a los puertos mediterráneos, y Port Bou e Irún abiertos a una España comunista, ¿hubiera podido resistir Francia a las huestes de Duclos? De ninguna manera. Y la familia árabe, desde Marruecos hasta más allá del mar Rojo, embotellada en el Mediterráneo, ¿qué hubiera sido de ella? Vagones del tren comunista.
Todo lo anterior esperaba Moscú si hubiera salido triunfante en España. Y lo hubiera conseguido si no tenemos a Franco, que con la valentía y patriotismo del pueblo español en sus manos, pudo y supo desbaratar los planes de Moscú.
El reconocimiento de Rusia por el presidente Roosevelt en 1932 actuó como fertilizante sobre el comunismo, haciéndolo crecer en todas direcciones y llegando sus tentáculos hasta España, donde desgraciadamente encontró un gobierno bamboleante y débil para imponer el orden. Los maleantes campeaban por su respeto. Empezó la quema de iglesias y conventos, los asesinatos de curas y monjas, sin que las autoridades tomaran acción para evitarlo. También la plebe callejera gritaba «¡viva Moscú!»... y eso era otro signo de descomposición y falta de gobierno. El caos era general y desconcertante.
Dos hermanos discutían esa situación. Antonio, el mayor, era político, y defendía a los políticos, echando la culpa a los militares. Jaime no tenía color político, y tenía más fe en los militares que en los políticos. En un momento de excitación, Jaime se levantó, y dando con el puño sobre la mesa, dijo: «Antonio, quiero que sepas que cuando a España sólo le quede el último girón de dignidad y vergüenza, este último reducto no estará en manos políticas, habrá que buscarlo en los militares». Entre los que escuchaban, hubo un ademán de aprobación.
Aquella chusma callejera que gritaba «¡viva Moscú!» nos daba una mezcla de pena y rabia a la vez. De pena por la ignorancia, perversión y desorientación de las masas, y de rabia por el gobierno, que prestaba más atención a las prédicas comunistas de agentes rusos estilo Béla Kun que a las necesidades del pueblo.
Aquellos gritos de «¡viva Moscú!» nos recordaban a veces aquella otra chusma callejera en tiempo de Fernando VII, que gritaba «¡viva el rey absoluto!», «¡vivan las cadenas!», aunque éstos últimos tenían más ignorancia y menos perversión, porque al menos pedían cadenas españolas; pero los que gritaban «¡viva Moscú!» pedían las mismas cadenas que más tarde no pudo romper la desgraciada Hungría, y todo eso tenía el visto bueno del gobierno, que esperaba la hora de recibir los treinta dineros de Judas por la venta de la patria.
Afortunadamente, cuando ya creían tenerlo todo listo para entregar el último girón de libertad, España tuvo un nuevo amanecer de resplandor internacional. El ejército, capitaneado por los generales Sanjurjo, Franco, Goded y Mola, honrando la profecía de Jaime a su hermano Antonio, había dado el grito salvador de «¡viva España!», «¡abajo el comunismo!». Había llegado el momento de ver quién era quién, para salvar el último girón de dignidad de la patria.
Tuvimos la desgracia de perder a Sanjurjo y a Goded a la entrada, y a Mola poco después; pero nos quedó Franco con una España dividida en dos bandos. La mayoría del ejército y todos los dispuestos al sacrificio para salvar la patria de las garras comunistas, cerraron filas detrás de Franco bajo la bandera nacional y la insignia nacionalista con el grito de «¡viva España libre!». Así quedó formada y en pie de guerra la fuerza que durante tres largos años luchó y consiguió salvar la libertad de España.
Los incendiarios de iglesias y conventos, los asesinos de curas y monjas, y toda la plebe antipatriótica se quedó con aquel gobierno que dependía de las órdenes y ayuda de Moscú, y así siguió luchando hasta convencerse que la victoria de Franco era inevitable. Convencidos de que no podían sostenerse por más tiempo, fueron sacando el tesoro nacional, repartiéndolo entre Rusia y Méjico.
¡Cuánta diferencia de la república de Castelar y Figueres, a la de Azaña e Indalecio Prieto!
Con Amadeo de Saboya probaron la monarquía, pero fue un rey desgraciado. Al llegar a España, encontró al general Prim, su principal columna de sostén, asesinado. Después de ciertas dudas siguió para Madrid. La parte oficial lo recibió con poco entusiasmo. El pueblo se mostró frío, y las señoras de alta sociedad a menudo dejaban ver sus desaires. Amadeo fue justo y dejó ver sus deseos de querer ser un buen rey. Trató de conquistar al pueblo, pero al verse derrotado presentó su renuncia.
Recibida la renuncia del rey, las Cortes reunidas en asamblea soberana proclamaron la República por 258 votos contra 32, pero no podían entenderse y tomar acuerdos. La situación era muy difícil por haber tres guerras a la vez: la Carlista, la Federalista y la Separatista en Cuba. Uno de los primeros actos de la República fue abolir la esclavitud en Puerto Rico, pero los gobiernos caían uno tras otro sin resolver la situación. Castelar, tratando de atraerse los conservadores dijo: «Así como las monarquías deben ser liberales, las repúblicas deben ser conservadoras». En una asamblea tumultuosa se presentía la derrota de Castelar. El general Pavía, capitán general de Castilla la Nueva, le ofreció apoyo militar; pero Castelar le contestó: «Esto es una democracia y no puedo aceptar». Como se presentía, Castelar fue derrotado. Enterado Pavía de la derrota, echó las tropas a la calle, rodeó el Congreso y lo disolvió. Así terminó aquella república, que antes que republicanos eran españoles.
La república de Azaña e Indalecio Prieto no vino por mayoría parlamentaria, y sí vino por unas elecciones indecisas en que el rey, por patriotismo, no quiso que en España corriera la sangre, y dimitió. Entró la segunda república salpicada de células comunistas que rápidamente derramaron su virus por todas partes; lo acreditaron aquellos barcos que, estando en alta mar, la tripulación echó la oficialidad al agua, y los muchos casos en que el servicio domestico delató a sus patronos de ideas anticomunistas, y éstos fueron víctimas de criminales represalias, hasta que el ejército dio el grito de «¡viva España libre!».
José Antonio Primo de Rivera, ídolo del pueblo español, cayó prisionero, y bajo el antifaz de un proceso, fue ejecutado; la sentencia de muerte ya estaba escrita antes del juicio, pero ningún juez de categoría aceptó el compromiso de dictar sentencia de muerte. Federico Enjuto fue el único que aceptó el compromiso. No tenía categoría, pero para actuar en ley fue ascendido.
Calvo Sotelo fue asaltado en su propia casa a altas horas de la noche por un grupo de esbirros de aquel gobierno repúblico-comunista, y a viva fuerza lo arrancaron de los amorosos brazos de su mujer. La pobre, aterrada y desesperada, corrió al teléfono, pero uno de los esbirros la empujó, rompió el teléfono y saltó a la camioneta y desapareció con los otros llevándole el desgraciado esposo. Al otro día en un cementerio apareció el cadáver del Sr. Calvo Sotelo, y la camioneta ensangrentada, mudo testigo de la tragedia, ponía el dedo acusador sobre los criminales.
La historia recordará a las futuras generaciones de esa época aciaga de nuestra patria; y los 25 años de paz, respeto internacional, seguridad personal y economía balanceada bajo el gobierno actual, dan a estas líneas el nombre de La España Inmortal.
Antonio Vaquer
Guayama, Puerto Rico
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